Juan Pablo Vázquez Abarca

Los problemas del vino en México: Los Enólogos (1ra Parte)

por: Juan Pablo Vázquez Abarca |
Columnista de San Diego Red

Tamaño

Aunque el vino mexicano ha logrado importantes avances en diez años, es importante mantener un sentido de perspectiva, aun escribimos nuestra historia y en este proceso existen problemas, que para resolver, necesitamos identificar. Para mi estos problemas empiezan con los enólogos y terminan con la prensa, pasando por consumidores, precios y gobierno. En esta primera parte hablaremos de los enólogos.

Uno de los principales problemas del vino en nuestro país, son aquellas personas encargadas de crear vinos, y por enólogo me refiero a la categoría general de creadores de vino, no solo a aquellos con un título o diploma. No menosprecio el esfuerzo requerido para obtener un certificado, pero desde el punto de vista del consumidor no es algo determinante, un buen vino es un buen vino, lejos de diplomas o certificados.

El problema de los enólogos es complejo. Los de profesión asumen que su titulo implica calidad; alguien ha probado los vinos de Torres Alegre, Domecq, Santo Tomas o Proyecto 125?

Todos estos vinos están hechos con el “prestigio” de un enólogo o una marca y no mucho más. Con raras excepciones la recomendación general es buscar otras alternativas.

Los enólogos de práctica son demasiado inconstantes, sus vinos están llenos de variables y los controles de calidad no son muy claros.

La única forma de juzgar quien es quien, independientemente de títulos o ideas, es con resultados. Al consumidor poco le puede importar si el enólogo tiene maestría o doctorado, si fue de los primeros en su clase o si estudio (o no) en Rioja. Para el consumidor lo más importante es que lo que entre a la botella sea un producto de calidad; que el vino cautive a un nivel intelectual, sensorial y hasta emocional.

Dos factores pueden ser determinantes para el cambio. Los enólogos de práctica y los consumidores.

Los enólogos que se han hecho en la práctica son un catalista en nuestro país, muchos de ellos experimentan, prueban y comprueban con cada añada, con cada vino; sus oídos están mas cerca de los consumidores, reaccionan mejor a las opiniones y están conscientes de la necesidad de mejorar continuamente.

Lo importante es que logren mantener un nivel de calidad con cada añada.

Nosotros los consumidores necesitamos desprendernos de nombres y marcas para verdaderamente apreciar los vinos y poder exigir que dentro de cada botella exista calidad.