Hiram  Soto

Lecciones de las elecciones presidenciales de 2012

por: Hiram Soto |
Columnista de San Diego Red

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Si no fuera por el efusivo y delirante cuestionamiento de las encuestas por parte de los republicanos en las semanas previas a las elecciones, hubiera estado claro para todos que Barack Obama estaba encaminado a ser reelegido en una reñida pero contundente contienda contra Mitt Romney.

Al final, Obama ganó casi todos los estados clave que tenía que ganar. Esto a pesar del mediocre desempeño de la economía y del poco entusiasmo que demostraron sus seguidores. Sin embargo, su victoria dejó destrozado a un partido republicano que ahora deberá atravesar por un largo periodo de introspección sobre su futuro.

Éstas son algunas de las lecciones que aprendimos de las elecciones presidenciales de 2012.

El cambio demográfico del país es permanente. Los republicanos perdieron las elecciones porque sus políticas económicas y sociales apelan principalmente a los hombres anglosajones de la tercera edad, y como dijo el comentarista conservador Bill O’Reilly, “los blancos ya son la minoría”. En cambio, Obama ganó gracias a una coalición de electores compuesta por afroamericanos, hispanos, mujeres y jóvenes que tenían mucho que ganar o perder en cuestiones como educación, inmigración, salud para mujeres y derechos de los homosexuales. Los republicanos tendrán que desarrollar políticas que apelen a las necesidades de todos los estadounidenses si desean volver a ganar una elección presidencial.

Los republicanos hicieron trampa y aún así perdieron. Como los republicanos tenían poco que ofrecer al electorado en general, algunos legisladores de la derecha decidieron intentar limitar el voto de las minorías étnicas del país. Lo hicieron en nombre de combatir un fraude electoral inexistente, promulgando leyes que exigían que los votantes mostraran identificaciones antes de votar con el fin de dificultarles el voto, a sabiendas de que muchos de ellos eran demócratas. En estados clave como Florida y Ohio, los republicanos recortaron los días en que se podía votar por adelantado, y eliminaron las votaciones del domingo antes de las elecciones, un día tradicional de voto para los afroamericanos. En fin, quisieron hacer trampa y perdieron, y lo hicieron de una manera repugnante y vergonzosa.

El dinero no compra el amor. Tampoco compra elecciones. Estas fueron las primeras elecciones en donde los ultra millonarios tuvieron oportunidad de donar cantidades ilimitadas de dinero a sus candidatos políticos. Esto benefició principalmente a Mitt Romney, uno de los suyos, quien se benefició de 800 millones de dólares en donativos independientes (260 millones más que Obama). Pocos se atrevían a predecir el impacto que tendría este dinero en las elecciones. Pero al final de todo, quedó claro que poco pudieron hacer los multimillonarios conservadores para imponer su candidato al resto del país. Romney, a final de cuentas, fue un candidato malo que nunca supo conectarse con el electorado.

Los hispanos son ganadores. Por lógica, la victoria de Obama debe beneficiar al electorado latino. El presidente le apostó al voto hispano con el programa de acción diferida, y los latinos respondieron. Fueron determinantes en estados como Nevada, Florida, Colorado y hasta Ohio. De hecho, Romney recibió solo el 30 por ciento del apoyo hispano (mucho menos que McCain y Bush en 2008 y 2004, respectivamente), en parte debido a las posturas extremas migratorias que adoptó durante las elecciones primarias. Los republicanos ya comenzaron a exigir que su partido tome medidas para atraer más el voto latino, que representa el grupo electoral demográfico de mayor crecimiento. Y esto podría significar más flexibilidad cuando llegue el momento de reformar las leyes migratorias del país. Está claro que los republicanos no podrán ganar elecciones sin apelar al voto hispano.

El obstruccionismo no es una estrategia efectiva. Desde que Obama ganó la presidencia en 2008, los republicanos declararon que su prioridad sería impedir que el presidente fuera reelegido. Para lograrlo, se opusieron a prácticamente todo lo que propuso el presidente, sin importar los méritos legislativos. Esto no solamente limitó el progreso del país, sino que dañó la marca del partido republicano ante los ojos del electorado. Cuando comience el segundo mandato de Obama, los del partido del elefante tendrán la opción de ser parte de la solución y negociar por el bien del país o ser parte del problema y pagar nuevamente el precio en las elecciones de 2016.