Los herreros de Baja California

Candiles, esculturas de dinosaurios, servilleteros de herradura, la artesanía de nuestro estado

Los herreros de Baja CaliforniaJavier Martínez Jr. también trabaja en el taller de su familia en Playas de Rosarito. David Maung/SanDiegoRed.com
Javier Martínez Jr. también trabaja en el taller de su familia en Playas de Rosarito. David Maung/SanDiegoRed.com

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Tijuana, Playas de Rosarito.— Hay inmensas lámparas realizadas por encargo para un country club de Sacramento, candiles en forma de dragón, esculturas de dinosaurios y de personajes míticos para un excéntrico cliente de la región, así como sencillos servilleteros hechos con una herradura y una base de cuatro tornillos.

Todos estos objetos fueron fabricados por artesanos herreros de Baja California. Algunas piezas están basadas en ideas surrealistas o modelos tradicionales y son utilitarias o simplemente adornos. Pero todas son únicas e imperfectas.

De ahí viene su valor y la sobrevivencia de este trabajo artesanal, explican diversos artesanos y vendedores.

En muestras de arte popular de México es común ver que la artesanía bajacaliforniana es representada por objetos de hierro forjado, así como la de los oaxaqueños es a través de piezas textiles o la de los guerrerenses son objetos de barro y cerámica.

La explicación de cómo esta región se convirtió en tierra de grandes herreros es sencilla; según Javier Martínez Galindo, se debió a una fusión de ideas entre herreros y clientes de Estados Unidos y Europa.

Martínez Galindo explicó que artesanos migrantes mexicanos llegaron hace cuatro décadas a la frontera con el oficio aprendido en Guadalajara y Guanajuato, donde se elabora la mejor herrería artística tradicional, para poner sus talleres.

Esa forma añeja, agregó, se fundió con los arquetipos que traían turistas extranjeros realizados por diversos diseñadores que buscaban quiénes los podrían hacer a un costo más económico que en sus lugares de origen.

Martínez, de 58 años, es propietario desde hace 32 años de la tienda Martínez Art, un almacén-taller que guarda más de cinco mil piezas, ubicada en el bulevar Artesanal Popotla, al sur del municipio de Playas de Rosarito.

Su abuelo, padre y hermanos también eran herreros en su natal Guanajuato. Así que desde su infancia olió los pedazos de fierro que eran expuestos al calor para formar figuras o abstracciones que creaban en el taller familiar con su creatividad y golpes de marro, dijo.

Esos aromas y sonidos continúan en la tienda, donde trabaja con sus tres hijos, que han heredado el oficio.

Para Alberto Rangel, la clave para que el negocio de la herrería artística aún funcione con éxito en esta región es la combinación entre el artesano herrero que conoce bien su oficio, la honestidad para entregar a tiempo su trabajo y —algo muy de la cultura mexicana— decir: “Sí se puede.”

“El buen herrero no le pone trabas al cliente para hacer una pieza, y eso les gusta a los norteamericanos y europeos que vienen”, dijo.

Rangel tiene 34 de sus 42 años de vida en el oficio de herrero. Su padre y sus tres hermanos también lo son. Él es propietario del taller El Gato, ubicado en la colonia Mariano Matamoros, al este de Tijuana, donde fabrica piezas que son vendidas en tiendas de la legendaria avenida Revolución.

Miguel Romero, de 47 años, es propietario desde 1994 de la tienda Muebles Mayorca —ubicada en la calle Cuarta entre Revolución y Madero— y uno de los que vende piezas realizadas por Rangel en su taller.

Romero explicó que la herrería de Baja California tiene una identidad distinta a la que se hace en el resto del país. Coincide con la fusión de ideas entre artesanos que trabajaban la herrería tradicional y clientes que traían diseños preconcebidos, pero además tienen un rasgo del carácter fronterizo: la audacia.

“Los herreros de aquí se arriesgan, se lanzan al ruedo, para hacer el mueble o la figura que el cliente quiere”, dijo.

Aunque hasta la fecha no hay un sindicato o asociación de artesanos herreros en Baja California, por lo tanto no hay unión entre ellos, Romero señaló que una ventaja es que los grandes herreros como Gonzalo Rodríguez, en Tijuana, y Javier Martínez, en Playas de Rosarito, han heredado el oficio a sus hijos como a ellos se los enseñaron sus padres.

Rodríguez tiene talleres de herrería y carpintería en el callejón Madero, entre Cuarta y Quinta del distrito Centro. Es la segunda generación de artesanos herreros que tienen en la ciudad más de cuatro décadas.

En su tienda, ubicada en la misma cuadra, hay muebles y esculturas, artículos decorativos y religiosos; candiles y lámparas, objetos de cocina y espadas.

Algunas figuras de hierro forjado parecen haber estado ahí desde hace mucho tiempo para ayudar a los seres humanos en sus labores cotidianas, otras hacen recordar aquella aseveración de André Breton, quien dijo que México era un país surrealista por naturaleza.

Esta nota fue publicada originalmente en Enlace, el semanario en español de San Diego Union Tribune. editorial@mienlace.com

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