Indígenas buscan expulsar a narcos de su territorio

Quieren recuperar su tradiciones

Indígenas buscan expulsar a narcos de su territorioIndígenas rarámuris de la comunidad de Huisarorare en la sierra tarahumara, del norteño estado de Chihuahua (México) . EFE
Indígenas rarámuris de la comunidad de Huisarorare en la sierra tarahumara, del norteño estado de Chihuahua (México) . EFE

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CIUDAD JUAREZ.- Los indígenas tarahumaras (rarámuris) celebran esta Semana Santa con el ánimo de recuperar sus tradiciones y elevan sus plegarias para expulsar al narcotráfico de su territorio, en la sierra del norteño estado mexicano de Chihuahua.

"Estos festejos son para decirles (a los narcotraficantes que operan en la Sierra) que no nos vamos a ir, que aquí nos vamos a quedar y que este es nuestro lugar y lo vamos a defender", explicó a Efe el sacerdote Javier Ávila, uno de los defensores de los derechos de los tarahumaras.

Ávila ha defendido desde hace 30 años los derechos humanos de las comunidades rarámuri desde la pequeña iglesia de la comunidad de Creel, una ciudad enclavada en la zona serrana de Chihuahua.

El sacerdote señaló que los presentes festejos de Semana Santa han cobrado una doble dimensión: a la par que rescatan sus tradiciones como pueblo, son una especie de resistencia.

Ávila, quien ha recibido amenazas directas por parte de los grupos delictivos, dice que han sido tantas que ha perdido la cuenta, y que a pesar de tomarlas en serio, hasta ahora nada le ha sucedido.

Este año la comunidad ha rezado por tres causas: el respeto a sus tierras expropiadas por el Gobierno del estado de Chihuahua, por expulsar a los narcotraficantes que hostigan a sus familias y para que llegue un poco de lluvia que alimente sus campos y a sus famélicos animales.

Desde la madrugada del pasado jueves los indígenas se reunieron en la comunidad de San Ignacio en la sierra de Chihuahua para comenzar los festejos de la Semana Santa.

Ese día empezaron a llegar los líderes, niños, mujeres y ancianos, muchos de ellos bajaron desde las remotas cuevas que habitan, acompañados de los sonidos de los tambores.

En estas fiestas los indígenas bailan y realizan sus ceremonias, acompañados del consumo de su tradicional "tesgüino", una bebida alcohólica a base de maíz.

Los danzantes, hombres con rayas y puntos blancos pintados sobre la piel y armados de machetes, bailan durante horas en las danzas de la renovación, durante las cuales no prueban alimento hasta lograr una profunda meditación a través del sacrificio.

Durante la tarde, tras alejar los "malos espíritus" del templo y de un receso para comer, los rarámuri vuelven a retomar sus danzas que no pararán hasta la salida del sol.

El viernes por la mañana continúan las danzas acompañadas de flautas que piden al viento por un mejor futuro y por ahuyentar a los malos espíritus.

Más tarde comienza la procesión y la representación del vía crucis que concluye con la crucifixión de Cristo. Un rito que dura 15 minutos y tras el cual arranca la fiesta, mientras que otros personajes en calzones blancos llamados pascolas trasladan al Judas y lo sientan junto a una pared de la iglesia para darle muerte al día siguiente.

Las fiestas concluyen el sábado con la quema del Judas, un muñeco hecho con césped, alfalfa y trozos de madera, ante el cual el pueblo rarámuri baila y canta, y después es golpeado, atravesado con lanzas y quemado, para expulsar "todo lo malo" que llevan dentro.

Para los indígenas, ese Judas representa otra fuerza opresora, los grupos de narcotraficantes, quienes los han obligado a sembrar droga y dejar a un lado el maíz. Mientras que han obligado a los más jóvenes a traficar droga y a terminar en una cárcel en Estados Unidos.

Martín Vargas, un rarámuri de 20 años ataviado con la falda tradicional y sandalias hechas por él mismo, que habla poco español, afirmó que él no siembra marihuana y que prefiere bajar a Creel a pedir unas monedas, aunque, indicó que "la gente mala" los roba en lugar de ayudarles y que el campo está seco.

No obstante, Manuel González, un anciano encargado de la seguridad de la cadena estadounidense de hoteles Best Western en Creel, aseguró que los rarámuris reciben hasta mil pesos semanales (81 dólares) por sembrar marihuana.

"No tienen nada más y eso es una buena lanita (dinero)", dijo.

"Los rarámuris son muy miedosos y están casi sometidos por el hambre y porque sino cooperan los matan", puntualizó.

Editorial@sandiegored.com

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