Tijuana y Baja California

La estafa de Donald Trump en Baja California

Y el gran hoyo que dejó

La estafa de Donald Trump en Baja CaliforniaImagen: NY Times
Imagen: NY Times

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El magnate Donald Trump está de nuevo entre los titulares, esta vez por insultar a México y su sistema de justicia después de que el director Alejandro González Iñárritu ganara el Oscar a Mejor Director y Mejor Película por la película "Birdman".

"Los Oscares fueron una gran noche para México y ¿por qué no? Si son quienes más estafan a Estados Unidos" decía unos de los "tuits" de Trump. También escribió: "Es sistema legal de México es corrupto, así como la mayoría del país. Páguenme lo que me deben y dejen mandarnos criminales. ¡No hagan negocios con México!".

No obstante, hace siete años la cabeza gigante de Trump podía ser observada desde la carretera escénica Tijuana-Rosarito ante un enorme espectacular ubicado en una construcción de diecisiete hectáreas con vista al mar en el área de Punta Bandera, casi a medio camino entre Playas de Tijuana y los campos de golf de Real del Mar.

Esta espectacular ubicación estaba destinada a ser el futuro hogar del ultra exclusivo Trump Ocean Resort Baja, una configuración de tres torres con dieciséis pisos cada una, la cuál se enfocaba en una vida de lujo y exclusividad que contaría con albercas, spas, canchas de tennis y cenas de alta cocina. Supuestamente Ivanka Trump fue una de las primeras en comprar un proyecto de 525 unidades.

La conmoción generada por el anuncio del Trump Ocean Resort Baja creó olas de emoción a través de la comunidad de bienes raíces, dándole una esperanza a la costa del Norte de Baja California, la cuál después de muchos intentos fallidos, por fin daba indicios de explotar de la misma manera que el desarrollo de Cabo San Lucas lo hizo en los años 80.

VIDEO: Esto iba a ser el Trump Ocean Resort Baja

Desafortunadamente, el suelo del futuro resort de lujo apenas y había sido tocado cuando se topó con dificultades financieras y se detuvo como resultado de una burbuja de vivienda la cuál explotó en 2008. Para marzo del 2009, el proyecto con vista al mar fue descartado de manera permanente.

Las elevadas torres del tan aclamado resort de Trump nunca fueron desplegadas, dejando de por medio centros de ventas y salas de exposición cerradas junto con modelos a escala del complejo, las torres y varias demostraciones de los planos.

Una vez que el polvo se asentó, lo único que quedó del Trump Ocean Resort Baja fue un gran hoyo en el suelo, una gran pila de tierra y millones de dólares perdidos por inversionistas incrédulos.

En 2009, compradores quienes habían pagado un depósito por unidad dentro del proyecto levantaron una demanda en contra de Donald Trump. Dentro de esta demanda, más de 69 compradores potenciales afirmaban haber pagado sus depósitos con un total aproximado a 20 millones de dólares por 71 unidades.

Se les dijo a los compradores que no había quedado dinero para reembolsarles sus depósitos y que al proyecto solamente le habían quedado $556,000 después de haber recolectado más de 32 millones de dólares. Como resultado, los inversionistas demandaron a Trump, a sus hijos y a quienes estaban involucrados en el desarrollo del proyecto, acusándolos de fraude, negligencia, enriquecimiento injusto y violación de leyes federales de divulgación.

VIDEO: Y esto terminó siendo... un lote baldío

Trump afirmó que él no era responsable del proyecto, y que él simplemente dio autorización para que PB Impulsores utilizarán su nombre, una empresa fantasma de Irongate Capital Partners, LLC, constructora de la ciudad de Los Ángeles, a pesar de que el proyecto había sido agresivamente comercializado en México y Estados Unidos como parte de una asociación entre Trump y Irongate, la cuál se había asociado con anterioridad para construir otro resort de Trump en Hawaii.

En su momento, los folletos de ventas y propaganda dejaban muy en claro que Trump estaba personalmente involucrado en todo lo que contenía su nombre, basándose en eso los compradores confiaron a la hora de hacer su inversión.

No fue hasta el 2008 que los inversionistas descubrieron que Trump sólo había autorizado que su nombre fuera utilizado dentro del desarrollo del resort por una módica cuota y que no tenía nada que ver con el fracaso del proyecto. Para el 2011, la demanda en contra de Trump llegó a un acuerdo. Para ese entonces, había más de 100 posibles compradores involucrados en la demanda.

De acuerdo con este artículo publicado en el 2011 por The New York Tomes, cientos de páginas de documentos judiciales y entrevistas mostraron que el magnate de bienes raíces había comercializado de manera agresiva otros edificios de lujo bajo el nombre de "Trump Propierties" llevando consigo la "firma Trump" y que incluso había hecho una aparición pública para impresionar a los compradores e imponer precios más altos.

Los compradores perdieron millones de dólares en depósitos afirmando que habían sido explotados y engañados. Afirmaron que no había ninguna cláusula que advirtiera que él no era parte del desarrollo y en lo que se refiere a los depósitos, perniciosamente se basaron en malas interpretaciones que aseguraban que Trump estaba detrás del proyecto. Sólo cuando los proyectos cayeron en problemas financieros fue que se hizo evidente que Trump sólo había rentado su nombre y se había lavado las manos de toda responsabilidad.

Esto es el supuesto modus operandi de Trump, quién pone su nombre en proyectos alrededor del mundo y afirma no ser el responsable cuando las cosas se ponen "panza arriba".

Por ejemplo, en 2013 la Procuraduría General de Nueva York demandó a Trump por más 40 millones de dólares ante la Suprema Corte del Estado acusándolo de haber estafado a más de 5 mil personas extrayendo de cada una por lo menos 35 mil dólares para que asistieran a Trump University, a la cuál después se le cambió el nombre a Trump Entrepreneur Initiative ya que carecía de la acreditación necesaria para llamarse universidad.

De hecho, las "clases universitarias", no eran clases en realidad sino más bien caían dentro de la naturaleza de un "informercial extendido" con duración de un año, en el cuál Trump se embolsó 5 millones.

De acuerdo con los estudiantes quienes levantaron la demanda, el programa "académico" sacó ventaja de la recesión económica y la desesperación consumista para comercializar productos sin acreditación los cuales incluían cosas como excursiones a Home Depot.

Queda claro que el nombre Trump también ha sido asociado con operaciones altamente exitosas. Ha respaldado muchos proyectos exitosos de bienes raíces a través de los años, así como un programa de televisión y una línea de ropa. Sin embargo, últimamente la mayor parte de su portafolio de negocios también ha consistido en autorizaciones altamente pagadas en lugares como Canadá, Hawaii y la ciudad de Nueva York.

No obstante, en lugares como Tampa Bay y Fort Lauderdale en Florida, así como en Baja California, la marca Trump no tuvo los mejores resultados. En uno de los casos, a cambio de 4 millones de dólares y una parte de las ganancias, Trump había acordado a autorizar el uso de su nombre y socializar con los compradores por lo menos en dos ocasiones.

Lo más perturbante en el caso del Trump Tower Baja es que a través del uso reconfortante como lo es el nombre Trump, arrulla a compradores potenciales quiénes son inexpertos en leyes extranjeras y aduanas para que caigan bajo una falsa sensación de complacencia y fallen al presentar alguna diligencia, en lugar de confiar en la supuesta fortaleza de la marca.

De este modo, a través de los años muchos compradores de la Baja han confiado en las afirmaciones de compañías americanas que portan el nombre Donald Trump, Century 21, Remax y Coldwell Banker, y cuando resulta que el título de la compañía contaba con alguna falla, como lo fue el fiasco de Punta Bandera en el 2000, resulta que México es el "malo de la historia".

Ningún comprador se vería involucrado en algo que tuviera que ver con Punta Bandera después de realizar una pequeña investigación sobre la turbia situación de títulos. Los mismo pasa cuando hay proyectos de construcción a los que se les acaba el dinero dejando esqueletos oxidados a lo largo de la costa Bajacaliforniana.

A pesar de puede que México carezca del control reglamentario que es encontrado en muchos países, un inversionista potencial puede prevenir muchas deficiencias al no dar por hecho que tipos como Donald Trump y otros títulos de renombres han hecho sus debidas diligencias.

Muchos inversionistas han perdido los ahorros de sus "años de dorados"; sacado una segunda hipoteca a su casa para poder pagar los depósitos sólo para terminar llenos de deudas mientras que Trump ya siguió adelante con otros negocios.

Las personas que quieran invertir en bienes raíces mexicanas sólo pueden esperar que Donald Trump y personas de su calaña se mantengan lo más lejos posible del país. Lo último que México necesita es otro nombre de glamour que utilice el poder y el dinero para deslumbrar y engañar a consumidores y verlos despedirse de sus ahorros de vida.

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