De que me sirve el dinero/ si estoy como prisionero dentro de esta gran nación.
Cuando me acuerdo hasta lloro/ aunque la jaula sea de oro/ no deja de ser prisión.
Las estrofas de esta canción lanzada a la popularidad por Los Tigres del Norte, le caen como anillo al dedo al personaje de esta columna.
Los Xolos de Tijuana están por escribir un capitulo inédito en la historia de esa ciudad fronteriza al estar muy cerca de llegar a la Primera División del futbol mexicano.
La directiva, los jugadores, el cuerpo técnico y los propietarios del club han realizado una gran labor.
El profesionalismo y el compromiso mostrado por todas las partes involucradas en llevar balompié de calidad a Tijuana es evidente y por eso los aficionados no dudan en llenar cada quince días las gradas del estadio Caliente.
Cuando hablan y se meten de lleno al futbol, los fanáticos se apasionan y por naturaleza humana hacen oídos sordos de los temas más serios y trascendentes que los rodean.
El dueño del Club Xoloitzcuintles Caliente de Tijuana, nombre oficial del equipo, es Jorge Hank Rohn, hijo de la privilegiada familia política mexicana.
Su padre, Carlos Hank González, fue por décadas una figura prominente dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
De 1969 a 1975, Hank González fue gobernador del Estado de México y en 1976, el entonces presidente de la República Mexicana, José López Portillo, lo nombró alcalde de la Ciudad de México.
La fortuna de Hank Rohn le viene de herencia y de alguna manera supo capitalizar su poder económico para llegar a ser elegido alcalde de la ciudad de Tijuana en el periodo 2004 -2007.
La vida de Hank Rohn está llena de historias negras, de elucubraciones, de señalamientos, de acusaciones, de imputaciones.
El semanario Zeta de Tijuana no deja de publicar una carta abierta sosteniendo que en 1988 Hank Rohn mandó matar al periodista Héctor "El Gato" Félix Miranda.
Muchos dicen que su fortuna, aparte de lo heredado, creció a niveles espectaculares debido a su trato cercano con cárteles del narcotráfico.
Su imagen es sinónimo de inmoralidad, excentricidad, corrupción y violencia.
Cuando Hank Rohn era alcalde de Tijuana tuve la oportunidad de entrevistarlo en su oficina del Ayuntamiento de la Ciudad.
Rodeado de perros, aves, peceras y serpentarios, le pregunté a Hank Rohn sobre las acusaciones que la sociedad ha dejado caer sobre él.
Su respuesta fue contundente: "de mi se dicen muchas cosas pero nunca me han comprobado nada."
Hank Rohn se ha mantenido completamente al margen del equipo de futbol de Tijuana.
Él es quien que paga la nómina de empleados, entrenadores y jugadores.
Él bautizó al equipo con el mote de ]Xoloitzcuintles, porque como lo ha expresado públicamente, es su raza preferida de perros.
Él es quien ha dado el dinero para construir un bello estadio en los terrenos del Hipódromo de Tijuana.
Él es quien está a punto de darle a esa región fronteriza un regalo añorado por años: un equipo de futbol de Primera División.
Sin embargo, Hank Rohn se mantiene lo más alejado que puede del equipo, de SU propio equipo.
Él sabe que su imagen es repudiada por muchos y es por eso que prefiere no aparecer en el estadio, no estar en las conferencias de prensa, no salir a la luz pública para disfrutar los triunfos de los Xolos.
Tijuana tiene asegurado un lugar en la final para disputar el ascenso a la Primera División.
En caso de ganar y concretar la hazaña, Hank Rohn no podrá estar presente para recibir el trofeo de campeón, no podrá dar la gloriosa vuela olímpica para celebrar con los aficionados, no podrá aparecer en un lugar donde mucha gente lo aborrece y lo señala.
Hank Rohn es preso de su pasado, de las leyendas construidas a su alrededor, de su comportamiento extravagante, de sus andanzas estrafalarias, de muchas ilegalidades que supuestamente cometió, pero que nadie, hasta ahora, se las ha podido comprobar.
(Columna de opinión)
abraham.nudelstejer@sandiegored.com