Miami, 16 may (EFE).- El escritor y periodista cubano exiliado Carlos Alberto Montaner retoma la que es su vocación primera, la fabulación, con "La mujer del coronel", un relato de amor fallido, cargado de fuerte erotismo y con el régimen totalitario cubano de rasgos machistas como telón de fondo.
En su tercera novela, editada por Alfaguara, Montaner (La Habana, 1943) arrastra al lector a una historia de adulterio y suspense en torno a las "frustraciones de una mujer madura insatisfecha", enamorada de su marido que, sin embargo, "desea explorar su sexualidad" en un momento de su vida.
Como su gran admirado Milan Kundera, Montaner analiza con certera minuciosidad y una construcción directa y transparente la relación que surge entre la protagonista, Nuria, una atractiva psicóloga de 40 años, y el profesor Martinelli, un erotómano persuasivo y muy cultivado al que ella se entrega en un breve viaje a Roma.
Planea sobre la novela la sombra aciaga del régimen comunista cubano, que vigila, espía y acumula pruebas sobre la infidelidad de Nuria, con el fin de "preservar el honor" de su marido, el coronel Arturo Gómez.
"La anécdota política sirve para precipitar el desenlace: cómo esa relación amorosa de ella se convierte en una enorme tragedia" por el machismo "absurdo y monstruoso" del Estado cubano, que se dedica a "vigilar la entrepierna de los líderes de la revolución para impedir que mancillen el honor de los héroes", dijo Montaner a Efe.
Novela de una dimensión sicológica, erótica y política, es, esencialmente, una historia de posesión y pasión carnal basada en hechos reales, en "experiencias e historias similares que padecieron personas que conocí y con las que tuve amistad", explicó el autor de "Viaje al corazón de Cuba".
Se trata de una realidad poco conocida y aún menos tratada en la isla, una suerte de tabú protegido por el silencio general, apunta Montaner al referirse a esa visión de rasgos fundamentalistas que domina en el régimen al juzgar la infidelidad de la mujer del héroe revolucionario.
"Era natural que se les entregara a estos personajes lo que se llamaba el "sobre amarillo", en el que venía la información sobre la infidelidad de la mujer, un sobre que se daba especialmente a los líderes cuyo honor la revolución quería preservar", explicó.
Si bien hablamos de un "problema que va más allá de la propia dictadura y que tiene que ver con la cultura cubana", precisó, lo terrible es que, en lugar de "eliminar esa mentalidad machista, esa monstruosidad", lo que hizo el régimen castrista fue "convertirla en una tarea oficial del Estado: salvaguardar el honor de los líderes revolucionarios".
"Una aberración que sigue vigente hasta nuestros días", aseveró Montaner.
En ese sentido, resaltó que Fidel Castro sería la encarnación de esos "valores machistas, fundamentalistas, un hombre que tiene numerosos hijos ilegítimos, un par de ellos viviendo en EE.UU., y muchísimos en la isla".
La visión oficial, subrayó, juzgaría la falta de fidelidad con dos medidas diferentes: por un lado, el "líder testiculado, el varón, que puede tener aventuras extramaritales que le ennoblecen a los ojos de los demás revolucionarios", y, por otro, sus mujeres, "que deben someterse a la autoridad de sus maridos y sostener la monogamia pura".
Sobre la dificultad que entraña la descripción de un situación carnal, de naturaleza íntima, Montaner sostuvo que "no hay prueba más difícil que la de intentar dar con el equilibrio entre la vulgaridad y la buena literatura en el uso del lenguaje erótico".
"Me costó encontrar el tono y muchas veces tuve que volver a escribir párrafos y cambiar palabras que podían ser ofensivas en lugar de ser útiles para el relato", reconoció el escritor.
Sobre la concesión este año del Nobel al escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa, aseguró que se trata de un "acto de justicia", ya que hablamos del "escritor más importante de la lengua española y la personalidad de mayor relevancia en el ámbito de la cultura hispana, más allá de su literatura".
"El rol de Vargas Llosa en el mundo hispano hoy en día es el mismo que Víctor Hugo jugó en Francia en el siglo XIX. Es la cabeza de la intelectualidad y la figura social de mayor calado", señaló.