El hecho de que una torre de vigilancia se haya desplomado y le diera acceso a los cientos de walkers que se encontraban detrás de los muros, fue en efecto un caos total dentro de Alexandria.
The Walking Dead vuelve de manera muy fuerte y emocionante, dejándote al filo del asiento durante los poco más de 40 minutos que dura el episodio. Sin duda es algo que muchos habían estado esperando durante bastante tiempo.
Vemos evolución en varios personajes, mientras que otros mueren. Rick sin duda es uno de los que más sufre, pues su nuevo interés de amor, Jessie, es devorada por walkers mientras llora la muerte de su hijo pequeño, Sam.


Esta serie de eventos se convierten en uno de los episodios de The Walking Dead más fieles a los cómics hasta el momento. Jessie tiene sujetado a Carl de la mano por lo que a Rick no le queda de otra más que cortarla con el hacha que lleva. No solo ve morir a la persona que empezó a amar, sino que también tiene que mutilarla para salvar a su hijo.
Y esto nos lleva al momento crucial del episodio, algo que se había previsto desde el inicio de la sexta temporada. Carl recibe un balazo en el ojo justo en medio de la horda de zombies, pudo haber muerto de no haber sido por Michonne, pero al final del episodio vemos que queda con vida después de recibir atención médica por Denisse.


Daryl, Abraham y Sasha regresan a auxiliar a los demás, gracias a una manera muy peculiar de deshacerse de los motociclistas que los tenían detenidos.
The Walking Dead está cambiando las cosas, pues durante algún tiempo hubo bastantes fans que se quejaban por ser lenta y últimamente aburrida. Este episodio de extremo es todo de lo que se trata la serie y como debería seguir.
Eventualmente, veremos el debut de Negan, lo que solo aumentará el calor en las cosas, pues sin duda sabrá que alguien voló en mil pedazos a sus hombres.
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