No es el estallido de las migraciones: es el colapso neoliberal

De acuerdo a Abraham Mendieta, la Caravana Migrante reveló las contradicciones más grandes de México. Con esta colaboración, Abraham inicia una columna semanal en San Diego Red.

El breve Siglo XX se entendió en la tensión que contraponía el bloque soviético y los países del occidentalismo capitalista y comprendió, como decía Howsbawm, de 1917 hasta 1989.

El Siglo XXI se entenderá entre dos temas profundamente relacionados que transformarán la manera de estar en el mundo de grandes masas poblacionales: la automatización del trabajo y las migraciones generadas por este fenómeno.

El primero de ellos, de un carácter más sistémico, es el fin del empleo tal y como lo conocemos, el agotamiento de la fuerza de trabajo como elemento prioritario en la generación de capital: en resumen, la pérdida casi total de valor del trabajo humano manual en la economía de mercado.

La automatización provocada por el estallido de las TICs sustituirá en las próximas décadas más de la mitad de los empleos que hoy tenemos.

No es un elemento nuevo: la ofensiva neoliberal fue la estrategia del shock aplicada para disciplinar el salario como factor secundario, que hoy tiene su correlato directo en la precarización cotidiana de la vida de millones de trabajadores: el fenómeno del obrero (aún más) pobre, que aunque trabaje, ya no llega a fin de mes, en el que ya no se cumple el principio marxista de que el salario, al menos, garantiza la reproducción de la fuerza de trabajo el día siguiente.

El trabajo deja de ser suficiente para una vida digna, y el esfuerzo en el modelo capitalista se rebela como lo que siempre fue: una mentira que no garantiza el futuro.

Es precisamente este agotamiento del trabajo asalariado el que genera y generará desplazamientos poblacionales sin precedentes. Continentes como Asia, a la brevedad, no conseguirán absorber los miles de millones de trabajadores capacitados para el ejercicio del empleo, y estos, naturalmente, buscarán nuevas áreas de oportunidad con las que tener una vida digna para ellos y sus familias.

La región latinoamericana, no solo no es una excepción, sino que se complementa con variables aún más complejas, como el ejemplo hondureño, donde un golpe de estado contra el presidente democráticamente electo, Mel Zelaya, generó una inestabilidad sin precedentes, ratificada en el fraude electoral de hace unos meses. Brasil no es una excepción: si Bolsonaro es una respuesta al agotamiento generado por el golpe contra Dilma, pronto tendrá su correlato en términos migratorios y poblaciones.

Nuestra América es un remolino de complejidades y valentías, de gente humilde pero valiente que no permite que la situación a la que han sido condenados por los malos gobernantes arruine las posibilidades de que su familia tenga una vida digna, y la Caravana Migrante de estos días acrecentó estas contradicciones con una urgencia y precisión anteriormente desconocidas.

La Caravana politizó lo que todos sabemos desde hace tiempo: porque politizar no es más que hacer evidente una contradicción para intentar gestionarla, resolverla nunca, porque la contradicción es siempre irresoluble.

El nuevo gobierno de México tiene la oportunidad de dar una lección al mundo: a esa Europa genocida que paga a Turquía para disparar contra los migrantes que huyen de la guerra, a esos Estados Unidos venidos a menos que necesitan un enemigo externo para ratificar lo que nunca fueron.

Si Andrés Manuel consigue generar un equilibrio entre el compromiso democrático de que nadie se quede fuera de las virtudes del estado, como la sanidad, la educación o el derecho a la vivienda, y la generación parcial de empleo con el que potenciar desarrollo regional: su aporte habrá llegado mucho más allá de lo humanitario, y se habrá convertido en modelo de generación de bienestar replicable en entornos supranacionales.

Pero una cosa es segura: el salario como garante del bienestar se ha agotado: lo sabemos en la izquierda, pero también lo saben en el Foro Davos. A ellos les toca, voluntaria o forzadamente, poner su riqueza al servicio de una humanidad nómada, y a nosotros, no dejar de presionar desde el gobierno y desde todas partes, para que el mundo que tenemos sea un poquito más de todas y de todos.

Abraham es Politólogo y cursó la Maestría en Política Mediática por la Complutense de Madrid. Fue miembro del Equipo de Campaña Presidencial de Podemos en España y trabajó con Morena en campañas federales. Actualmente es director del Instituto Madrileño de Comunicación Política y consultor parlamentario de Morena.

Twitter:
@abrahamendieta

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