El reto pos(neo)liberal: no destruir la democracia

México no nació ni como democracia ni como nación con su Independencia. El país empezó su proceso de construcción en 1821 con la inauguración del Imperio Mexicano. Desde entonces y en consonancia con el resto de las excolonias y virreinatos españoles, las américas españolas, sus procesos internos de reconstrucción sociopolítica lo condenaron a cien años de guerras civiles, intervencionismos extranjeros, pérdida de territorio. El siglo XIX fue traumático y de él en conjunto, no de la efeméride, se desprende la nación y el nacionalismo.

Se imaginó que la madurez de nuestra democracia inició con el triunfo del régimen de la 4T. Empezaríamos a comprender que la soberanía nos pertenece, que el sufragio tiene utilidad para canalizar las inquietudes individuales que convergen con las del colectivo social.

En México esto se ha expresado, históricamente, a través de la violencia: tres revoluciones, una Guerra Sucia, un levantamiento indígena y de autodefensas han dado cuenta del hartazgo que se tiene del status quo desfavorable ya no solo para los de abajo, para el México Profundo, sino para la mayoría, esa que eligió un cambio de régimen, una nueva e hipotéticamente última transformación a través del voto y de las urnas.

Firmamos un nuevo tratado social con uno de los gobiernos más votados de la historia, al menos de la contemporánea y por ello uno de los más representativos. Por igual gobernarán y representarán académicos y expandilleros, ricos y pobres, estudiados y no. Todos los capitales y campos sociales tendrán voz y representación en este nuevo gobierno, en este nuevo México.

Las expectativas fueron altas por el precedente sentado, el de la ciudadanía participando con el sentimiento de que lo había hecho de verdad, con la convicción que es fue ella la que de había manifestado a través del voto. Redes sociales, conversaciones individuales, en las aulas, en los trabajos, todos ahora están al pendiente de la República y del partido que inauguró su nuevo régimen, MORENA. Esto, por la promesa de que sería para todos y de todos aquellos que quieran participar de ella.

La guía del nuevo régimen sería moral por completo según el discurso que los llevó al triunfo para lograr un bienestar común. Este viso de convivencialidad ya fue traicionado desde Baja California, la trinchera más sensible de la República. El estado fue la de la revolución cívica del México de nuestros días, de este que puso fin a la dictadura de partido del PRI y que ahora hace lo propio con el régimen neoliberal.

La decisión de arrebatarle la candidatura no solo a Jaime Martínez Veloz, sino a muchos otros candidatos que sí conectaban con la base popular de MORENA en Baja California ha provocado una escisión que, de facto, tiene en la cuerda floja en momento tan temprano a la cuarta transformación. MORENA pudo haberse hecho con la joya de la corona de la alternancia, pudo redondear lo iniciado, pero todo indica a que echará por la borda lo ganado. Todo, por hacer de la vista gorda. Todo por beneficiar intereses cupulares. Todo por no conocer la historia.

josue.beltran@sandiegored.com

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