Gobierno

¿Qué sigue en Baja California?

Primero el Programa, después los Candidatos

Quiero dirigirme por esta vía a todas mis amigas, amigos y compañeros de ruta, quienes nos hemos acompañado durante los últimos años.

Las expectativas generadas por el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en el año 2018, tenían como primera aduana las elecciones de Baja California, en donde las expectativas iniciales eran las de hacer de nuestro Estado un modelo de lo que debería ser la llamada Cuarta Transformación (4T) que devino, por desgracia, en una distorsión caótica, en donde más bien ahora parece que vivimos en una situación peor que la del Chicago de los años 20 del siglo pasado.

En medio de esta circunstancia, es del conocimiento público que la semana pasada la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en forma inobjetable, puso fin a uno de los despropósitos más grandes que hayamos enfrentado los bajacalifornianos, pero también todos los ciudadanos de nuestro país.

La resolución del máximo órgano del poder judicial en México, que echó por tierra el fraude a la Constitución y la confabulación que habían urdido un grupo de politiqueros facinerosos para ampliar el mandato del gobernante bajacaliforniano de 2 a 5 años, constituye una de las victorias más importantes de nuestra sociedad en los últimos tiempos.

Con anticipación manifestamos que las cosas no deberían de haber llegado hasta allá, porque a la persona que en mala hora hoy ocupa la gubernatura de Baja California, ni siquiera debería de habérsele permitido registrarse como candidato, dadas las múltiples pruebas documentales de su arraigo norteamericano, como de su permanente violación a las disposiciones contenidas en la ley de nacionalidad mexicana, más sus nefastos vínculos a intereses ajenos a México.

Haberle permitido a este personaje ese largo recorrido de violaciones a las leyes mexicanas, fue el resultado de un proceso plagado de complicidades, omisiones y colusión de intereses, de los cuales me fui percatando poco a poco conforme avanzaban los procesos sociales y políticos, en medio de la complejidad social vivida en los últimos años en México y en Baja California.

Detener el intento de la acción conocida como “El Bonillazo”, que hubiera fracturado las estructuras institucionales de la frágil democracia mexicana, se constituyó en el eje central de mi acción política durante los dos últimos años.

Ante la complicidad de los jerarcas del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el despropósito de Jaime Bonilla, encontré el apoyo y el cobijo de viejos y nuevos amigos del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que en medio de las situaciones difíciles por las que transitan, no me escatimaron su respaldo moral, jurídico y político, para unir esfuerzos, mismos que al final de la jornada contribuyeron a detener la actitud golpista orquestada por Jaime Bonilla, apoyada por la anterior dirigente de Morena, Yeidckol Polevnsky.

No fuimos los únicos, pero si los más tenaces y los que nunca dudamos, que al final detendríamos al sátrapa gobernante de Baja California.

Con la resolución emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en contra de El Bonillazo, se ha concluido con éxito una etapa de la historia reciente de nuestro país. En particular para mí también es la culminación de una etapa de vida personal, intensa, desgastante, donde tuve que poner en juego las experiencias adquiridas durante una formación ligada a la política, la academia, la lucha social, y en forma destacada aprendida en los barrios y comunidades donde me ha correspondido vivir, transitar y luchar.

Por estas razones quiero ahora decirle a mis amigos y compañeros que no fue la aspiración a la gubernatura la que motivó la lucha por impedir la ampliación del mandato del actual gobernador de Baja California, que no luché para ser yo el beneficiario de una victoria que debe conjugarse en plural.

Por lo anterior quiero manifestarles hoy que, sin desechar la remota posibilidad de participar ante una situación extraordinaria, por ahora no está en mi interés inmediato personal contender por la Gubernatura del Estado de Baja California. Creo que por el momento puedo contribuir a la transformación que reclama nuestro Estado, desde otros ámbitos y espacios.

En estos momentos considero que se requiere tener la claridad necesaria para entender que necesitamos, no un cambio de amo sino un cambio de rumbo, una nueva ruta que permita la reconstrucción de la legalidad y el Estado de derecho destrozado por los mandarines y malandrines incrustados en Morena.

Esta situación de por sí difícil, aumenta su complejidad debido a la pandemia del Covid-19 y sus secuelas tanto en el ámbito de la salud, como en el de la economía y el empleo que afecta a miles de familias bajacalifornianas.

La actual etapa requiere un debate abierto, en una ruta clara que nos permita, primero, definir cuáles deben ser las prioridades, las tareas principales del próximo gobierno. Es decir, que este es el tiempo de definir primero el programa y después a los candidatos.

Baja California reclama la construcción de normas básicas para el restablecimiento de un Estado Democrático, Incluyente y Progresista.

Lo peor que nos puede pasar, es que, dentro de dos años, estemos sufriendo los mismos padecimientos que ahora tenemos, donde el equilibrio de poderes sea inexistente y la sensatez y el sentido común por parte del gobernante brille por su ausencia.

Hoy más que nunca se necesita un nuevo pacto social, en el que todas las voces sean escuchadas. Un proceso de acercamiento, que permita procesar las diferencias y construir acuerdos para establecer una nueva relación del Estado con la Sociedad: justa, solidaria y equitativa.

Para ello se requiere también la construcción de una nueva institucionalidad democrática, que recupere lo mejor del pasado, y deseche los vicios y errores que tanto dañaron la vida pública y alejaron de la política a grandes sectores de la sociedad, los cuales, paradójicamente, al alejarse han permitido que otros decidan por ellos y que gobiernos, como el actual y el pasado, puedan hacer y deshacer a su antojo, en perjuicio de la propia sociedad.

La propuesta de cambio que exige Baja California no puede ser un salto al pasado, del cual hay experiencias que recuperar, sí, pero muchas otras habrá que sepultarlas para siempre.

En la nueva institucionalidad deberán caber la mayoría de las expresiones políticas y estamentos sociales, pero el caudillismo, el autoritarismo, la dejadez, el compadrazgo y la hegemonía partidista, del color que sea, deberán ser desechadas para siempre de la vida pública.

El liderazgo que reclama Baja California, es uno de carácter colegiado, con una clara división de poderes, construido mediante procesos definidos con honestidad y transparencia, de manera institucional y profesional, y con procedimientos que privilegien las aptitudes, experiencia y conocimientos en cada área de responsabilidad de la función pública para su buen desempeño, en el cumplimiento de las metas de los planes y programas de gobierno.

Para lograr lo anterior, todos debemos asumir, con modestia, el papel y el rol que cada quien pueda desarrollar, y así encarar con éxito un propósito común: derrotar el cáncer social enquistado hoy en el Gobierno, e impulsar un programa que enarbole las principales necesidades e incorpore las más sentidas preocupaciones y aspiraciones ciudadanas.
Hay que construir un Frente Amplio, que reúna a la mayoría de las organizaciones partidarias, sociales y ciudadanas.
No es una tarea fácil, pero es la única posibilidad que tenemos para derrotar a un Gobierno que se ha convertido en una Secretaría de Asuntos Electorales, en donde las becas y dadivas económicas son utilizadas con un claro, descarado y cínico propósito electoral.

Insisto: lo primero que nos puede y debe unir es un programa común en el que figuren las demandas y los reclamos más importantes de la sociedad bajacaliforniana.

Si damos este primer paso, mediante un procedimiento transparente e inatacable, eso nos fortalecerá y a la vez permitirá definir las candidaturas a los diferentes cargos de elección, con perfiles en los que se combine experiencia, juventud, y con cuadros que, aunque hasta ahora no hayan tenido vida partidaria, se hayan destacado por sus acciones como ciudadanos de bien y serviciales con la comunidad.

Son muchos los retos que nos esperan, pero por todo lo recorrido hasta hoy, les entrego mi agradecimiento infinito a quienes nos hemos acompañado en este trayecto de vida, y refrendo mi compromiso de seguir luchando hombro con hombro junto a las mujeres y hombres de Baja California, en esta nueva etapa de la vida política social de nuestro Estado.

Con amor del bueno, Jaime C. Martínez Veloz.

Tijuana, Baja California a 20 de mayo del 2020, año de la pandemia

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