Tijuana

Música en peligro de extinción

Una banda hereda la música misional de BC: Los amarradores de Santa Gertrudis

TIJUANA - ENSENADA.- Estos misioneros no buscan evangelizar sino dar un trozo de la música – principalmente vals y minuetos – que interpretaban los jesuitas que fundaron en 1751 la Misión Santa Gertrudis la Magna, un pequeño pueblo al sur de Ensenada.

Se hacen llamar Los Amarradores de Santa Gertrudis y son el único grupo que cuenta con elementos de una música propia de esta entidad, nutrida por la herencia que les legaron, su cotidianidad y su ambiente.

"Representan tesoros humanos vivos. El grupo viene a dar un elemento de identidad y pertenencia a un estado donde todo es nuevo: sus principales ciudades y la constante migración", dijo Armando Estrada, titular de la Unidad Regional de Culturas Populares.

Estrada explicó que la música que se percibe como original de esta región se relaciona a menudo a grupos autóctonos como kumiai, paipai o cucapá; pero Los Amarradores de Santa Gertrudis, algunos de ellos descendientes de cochimíes, fusionan elementos antiguos e históricos de esta tierra.

Pese a ello, sus sonidos están en riesgo de desaparecer. Hasta ahora no han grabado una producción discográfica, sus integrantes sobrepasan los 55 años y son poco conocidos en la entidad. Apenas a finales del año pasado aceptaron salir de su pueblo y presentarse en un festival cultural de Tijuana.

La banda acepta que su introversión les viene de familia, pero también por geografía. La población más cercana a ellos es Guerrero Negro, Baja California Sur, y está a siete horas.

Su espíritu y sus motivos artísticos se llenaban con sus presentaciones en las fiestas patronales y de Semana Santa; sin embargo advierten que lo que hacen va más allá de una tradición local.

"Se ha logrado rescatar esta tradición de la música desde la época Misional hasta la fecha gracias a nuestros antepasados", dijo Vicente Salgado, nacido en Santa Gertrudis hace 81 años, líder del quinteto que heredó de su abuelo y padre.

Salgado señaló que actualmente viven de su música, van de pueblo en pueblo a tocar en las fiestas misionales del sur de Ensenada y Baja California Sur. "Este arte nos inspira y nos motiva a seguir adelante".

El pueblo está situado en el Paralelo 28, a unas catorce horas del puerto de Ensenada, en una zona despoblada a mitad del desierto bajacaliforniano. La misión, fundada por el padre jesuita Fernando Consag el 22 de mayo de 1751, está considerado Monumento Histórico por el gobierno.

A pesar de su belleza, la mayor parte de los pobladores de Santa Gertrudis se han ido a buscar empleo a Guerrero Negro, aunque algunos nativos regresan en primavera y noviembre de cada año, cuando celebran sus principales fiestas, aseguró Alonso Salgado, de 49, sobrino de Vicente y representante del grupo.

"Consideramos este lugar un oasis en el desierto", dijo Alonso. "Aquí se respira la tranquilidad y el cielo estrellado por las noches, entre las dos acequias que conducen agua a más de nueve huertos familiares, estos con viña misional, donde se elabora el vino artesanal por tradición, palmas datileras y árboles frutales. Estos combinados con la flora de la región, como el cactus del desierto, y los manantiales que brotan de la montaña, le dan un toque mágico a la comunidad".

Ese lugar idílico es el que se cuela al escuchar el repertorio musical de Los Amarradores de Santa Gertrudis, compuesto por minuetos, valses, polkas, foxtrox, valonas, rancheras y boleros.

Luego de escucharlos es inevitable pensar en paisajes campiranos, su música es como la magdalenaa de Proust, paraísos perdidos del hombre moderno.

"Las piezas más antiguas (que tocamos) son tres minuetos que tienen cerca de 260 años – desde la llegada de la Virgen Santa Gertrudis La Magna, traída por los misioneros jesuitas – que fueron quedando como recuerdo y tradición misional", dijo Vicente Salgado.

En el grupo también están José Ángel Martínez, de 73; Luis Ramos, de 64; Ignacio Villavicencio, de 57, y José Rogelio Urías, de 66; en ocasiones se unen Alonso Salgado; Fidel Villa, de 60, y Tomás Elizarraras, de 55.

Ellos no se consideran músicos profesionales, aunque cobran por cada presentación. Su labor la ven como algo cotidiano.

Aseguran que han grabado su material sólo en algunos cassetes, pero tienen una propuesta para este año de grabar un audio para la Unidad Regional de Culturas Populares, que en diciembre pasado les hizo acreedores de una beca de 17 mil pesos para la compra de instrumentos musicales.

"Son un patrimonio cultural intangible, pero para ellos es algo natural. Su música porfiriana, un poco del siglo 19, sobre todo pertenecía a este pueblo misional antiguo, que era parte importante de sus fiestas tradicionales", agregó Estrada.

Este interés reciente por su quehacer musical Vicente y Alonso lo celebran con un grito de "¡Auka!", una especie de ¡Sí, señor!, con el que muchos grupos regionales terminan una interpretación. Un "¡Auka!" que suena también a bienvenida a esta región poco explorada.

omar.millan@sandiegored.com

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