Tijuana

Una princesa en medio de un barrio popular

En el gimnasio de la pugilista Jackie Nava se ofrecen clases gratis de boxeo a jóvenes de escasos recursos

TIJUANA.— En la colonia Sepanal, al este de Tijuana un almacén tiene enmarcado el nombre de Jackie Nava Gym, pero ese vecindario ha visto antes tiempos oscuros.

A una cuadra, la mañana del 29 de septiembre de 2008 fueron hallados los cadáveres de cuatro de las 19 personas asesinadas durante ese fatídico día.

Fue el comienzo de una de las páginas más sórdidas de esta ciudad, cuando dos facciones del crimen organizado se disputaban el control del trasiego y venta de droga ante un gobierno federal decidido a atacarlos frontalmente pero cuyas corporaciones policiacas estaban infiltradas por el narcotráfico.

La Procuraduría General de Justicia del Estado reportó de 2008 a 2010 en Tijuana 2 mil 327 asesinatos, casi una centena de desaparecidos y más de cien secuestros.

A cualquier hora sucedían tiroteos en lugares públicos y actos de sadismo insospechados: colgados en puentes, decapitados y mutilados en calles y lotes baldíos.

Muchos residentes comenzaron a huir de la ciudad, pero también hubo quienes reaccionaron de diversas formas a este fenómeno a través de manifestaciones sociales, artísticas, culturales y deportivas.

La más reciente aportación civil es un gimnasio de boxeo que la recién coronada campeona mundial de peso supergallo (122 libras) de la Asociación Mundial de Boxeo, Jackie Nava, hizo en este barrio popular situado al este de la ciudad.

"Nosotros queríamos aportar algo a la comunidad y se nos presentó la oportunidad en este lugar. Sé que corremos riesgos aquí, que nos roben o nos rayen los carros, pero si queremos ganarle a los malos hay que poner de nuestra parte. Aportar algo sin recibir nada a cambio", dijo Nava.

La boxeadora tijuanense, apodada La Princesa Azteca, hizo un acuerdo con el gobierno de estado para que a cambio de no cobrar las clases y el ingreso al gimnasio a jóvenes menores de 17 años, le ayudarán a pagar la renta del club de box.

Junto a su esposo, el entrenador Mario Mendoza, acondicionaron el lugar, un almacén que fue un taller de carrocería. Invirtieron de su bolsa unos 12 mil dólares en equipo: duela, costales, pera, espejos y acabados que ellos mismos diseñaron.

La boxeadora Jackie Nava y su esposo y entrenador Mario Mendoza en su gym de la colonia Sepanal en Tijuana.

El pasado 18 de diciembre fue la apertura. Actualmente están trabajando con 65 adolescentes principiantes de boxeo, 26 de ellos son mujeres; además de dos peleadores profesionales.

La Comisión de Box, Lucha Libre y Artes Mixtas de Tijuana y el Comité de Box Amateur tienen registrados 14 clubes de boxeo públicos y privados en la ciudad.

El gimnasio de Jackie Nava es el número 15 en una urbe considerada la capital del boxeo latinoamericano, un boleto previo que pueden obtener pugilistas destacados de esta región para presentarse en las Grandes Ligas: Las Vegas, Nueva York, Los Ángeles, Japón o Europa.

"Lo que queremos aportar (con este local) es que los jóvenes no abandonen la escuela por este deporte. Muchos quieren ser alguien en el boxeo, ser campeones, pero pocos lo logran y el estudio es muy importante para su futuro, para tomar mejores decisiones. Pero también queremos sacar nuevos talentos del boxeo, formarlos", dijo Nava.

Miguel Reyes, entrenador de la boxeadora y quien imparte clases por las mañanas en este gimnasio, explicó que un requisito para aceptar entrenar a adolescentes menores de 17 años es que tengan promedio mínimo de ocho y que continúen estudiando.

El pasado 28 de enero, Nava, de 31 años, se adjudicó un tercer cinturón universal tras derrotar a la panameña Chantall Martínez ante más de cinco mil aficionados en el Auditorio Municipal, quienes reconocieron a una naciente estrella del boxeo, pese a tener una década como peleadora profesional.

La tijuanense venía precedida de una fama inesperada luego de cuatro contiendas en el 2011, dos de ellas ante la mexiquense Ana María Torres, televisadas insólitamente por Televisa y por TV Azteca de forma estelar, que hicieron voltear la mirada a crédulos e incrédulos del boxeo femenil mexicano.

"Sí, fue un antes y un después. El año pasado cumplí anhelos que siempre quise, desde pasar a otro nivel (en los combates contra Torres) y entrenar en el Otomí (Estado de México), hasta que la empresa (Zanfer) se interesara más en mí, que me regalaran un carro y tener mi propio gimnasio", dijo Nava.

Una mañana reciente de febrero, el entrenador Miguel Reyes daba instrucciones a media docena de adolescentes en el gimnasio.

La mayoría son estudiantes de secundaria y estaban ahí porque les interesaba conocer técnicas de boxeo más que pelear o hacerse profesionales. Seguían la rutina atentos, entre risas y sin disimular su entusiasmo por estar arriba de un ring.

Ruth Mireya Sánchez, de 14 años, comentó que le emocionaba ir al gimnasio. Apenas tenía una semana, sus papás aún no lo aprobaban porque consideran que se trata de un deporte rudo y ella usa anteojos; pero estaba contenta por tener ese lugar en su colonia y hacer ejercicio con sus amigos.

Esta historia fue publicada originalmente en Enlace, el semanario en español de San Diego Union Tribune. editorial@mienlace.com

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