Nunca creí que Enrique Peña Nieto fuera a darle la candidatura a Jorge Hank Rhon. Lo sostuve en varias presentaciones de mi libro ante diferentes auditorios. Si algo ha cuidado el Presidente de la República es su imagen y sabe que el nombre de Hank Rhon le hace un ruido muy incómodo en la prensa estadounidense y en la opinión pública nacional. Al menos el nombre de Castro Trenti todavía no dice nada, o por lo menos no mucho. El Diablo utilizó la estrategia de Eruviel Ávila en el Estado de México. Sin ser amigo o aliado de Peña Nieto, concertó alianzas estratégicas para forzar una candidatura por lógica o por simple caída libre, dejando latente la amenaza de un cisma o una ruptura.
Fernando Castro Trenti es el mejor operador político de Baja California y es sin dudael coordinador de campaña que cualquier aspirante desearía tener. Sin embargo, no es ni de lejos el mejor candidato. Castro Trenti me recuerda a personajes de la historia como Fuché, Richelieu, el Duque Olivares o Henry Kissinger. Los intrigantes cerebros tras el poder; los seres astutos que mecen la cuna; los grandes jugadores de baraja con mano izquierda.
Basta estar con él y mirarlo a los ojos para darse cuenta que es un tipo inteligente, que sabe lo que desea obtener y oculta mucho más de lo que muestra. Castro Trenti jamás desnuda su alma.
En el verano de 2012 me lo encontré en los pasillos de Uniradio en donde estaba platicando con mi colega Elia Manjarrez. Castro me había antecedido en la cabina de Martin Borchardt a donde fui a hablar de mi libro La Liturgia del Tigre Blanco, que acababa de presentar. En broma le dije a Castro Trenti que mi próximo libro sería su biografía y se llamaría "El Ritual del Diablo Rojo". Me dijo que le gustaría más un libro que se llamara "La historia del mejor gobernador de Baja California". "No te confundas güerito ni te hagas bolas. Yo soy el próximo gobernador de Baja California", me dijo aquella vez. Fernando Castro Trenti siempre ha sabido lo que quiere. No sé si algún día en verdad me decida a escribir su biografía. Por ahora no creo que ninguna editorial grande estuviera demasiado interesada en publicarla, pues su nombre a diferencia del de Hank, aun no llama la atención a la opinión pública nacional. Nunca digo de esta agua no beberé.
De Castro Trenti me interesa su atípico estilo de liderazgo y su intrincada psicología. Nunca he sostenido con él entrevistas tan profundas como las que he tenido con Jorge Hank ni conozco mucho de su historia familiar. Sé que viene de un hogar con un padre autoritario y golpeador, que su madre es ejemplo de cultura del esfuerzo y que es ambicioso hasta el extremo. Recientemente, en entrevista con mi colega Laura Sánchez de El Informador, su esposa Isis Peralta dijo que cuando se conocieron, ambos venían de pasar por algunos "problemitas" familiares y situaciones difíciles que pudieron superar cuando sus caminos coincidieron.

No puedo imaginar dos personalidades más contrastantes que Jorge Hank Rhon y Fernando Castro Trenti. El Diablo es un verdadero misterio. No es carismático, no cae simpático a la primera, no es físicamente agraciado y sin embargo ejerce un innegable liderazgo, capaz de seducir y lograr que incluso sus detractores y quienes lo odian acaben comiendo de su mano. Hay demasiados ejemplos de detractores históricos de Castro Trenti que terminan a su lado. Ahí está Carlos Bustamante o su candidato comparsa, Felipe Ruanova.
Vaya, hasta los gobernadores bajacalifornianos han tenido que pactar con él. En su momento, tanto Eugenio Elorduy como José Guadalupe Osuna Millán se han visto orillados a fumar la pipa de la paz con el Diablo o por lo menos a firmar pactos de no agresión. De hecho, aunque no ha llegado nunca al nivel de luna de miel, con Osuna Millán ha tenido una relación ambivalente a lo largo del sexenio que por momentos se ha acercado más a la colaboración, o que por lo menos nunca ha derivado en un fuego abierto y despiadado.
Nadie como Castro Trenti lee la oportunidad política y los tiempos. Nadie como él analiza a los rivales. Castro Trenti parece conocer los puntos débiles de sus oponentes. Sabe identificar al que se siente malpagado o malquerido por su partido, al que tiene dudas o ambiciones.
El arte del Diablo es saber llegar al ego o a la vanidad de las personas. Siempre le ha gustado más seducir que confrontar y se impone solo hasta que tiene la sartén por el mango. Castro Trenti es un político en todo el sentido de la palabra, capaz de pactar con su peor enemigo si así conviene a sus intereses. Mención aparte me merece su hermano Francisco, de quien tengo (y no creo equivocarme) una muy buena impresión. Hombre culto, buen lector, catedrático, posee la habilidad de saber comunicar sus ideas con la pluma y traducir el lenguaje procesal penal.
A dos semanas de la elección sigo creyendo que Fernando Castro Trenti es mejor operador político que candidato. Ni su estilo personal ni su discurso me han gustado Se ve y se oye terriblemente falso. Su rostro en los espectaculares me hizo recordar el pasaje de la Muerte en Venecia de Thomas Mann, cuando Aschenbach, hombre maduro, es maquillado por un estilista hasta verse grotesco. Una imagen más natural y un discurso menos prefabricado le irían mejor.
Su actuación en los debates me deja con un "sin embargo". La línea que separa un buen discurso de una perorata suele ser delgada y para los malos oradores es a menudo imperceptible. El candidato priista cruzó esa línea y en su afán de seducir con palabras, acabó por parecer una suerte de predicador evangélico. Más que convencer con argumentos, lo suyo es intentar contagiar un estado de ánimo. La recomendación (o la orden) de sus asesores de apostar por el discurso en segunda persona sin salirse nunca de esa línea, parece adecuada. Te habla a ti y lo hace mirándote a los ojos. Un salto compulsivo del tú a un yo iluminado; un yo providencial y mesiánico que viene a salvarte. Una perorata aderezada con un bombardeo de cifras y promesas grandilocuentes con un tonito de voz al que la supuesta emoción acabó por hacer naufragar mientras las manos, irremediablemente, le tiemblan. Es obvio que Fernando Castro Trenti tiene una línea discursiva clara, que obedece al pie de la letra el decálogo de sus asesores y cree saber la imagen que desea vender. Habla con un aura de superioridad, descalificando al panista con frecuentes "eso es precisamente lo que debemos dejar de hacer". Lo que busca ante todo es crear un efecto.
Si debo apurar un pronóstico a dos semanas de las elecciones, es que Fernando Castro Trenti va a ser el gobernador de Baja California, pero la moneda sigue estando en el aire y tampoco es descartable que su adversario Kiko Vega le dé una sorpresa, pues ha sabido concentrarse en ganar la calle, mientras el Diablo se concentra en ganar el favor de la opinión pública. Castro Trenti tiene la mesa puesta para ganar. De hecho creo que el hecho de que la elección aun no esté decidida es de lo más desfavorable para él, que podría ir fácilmente en caballo de hacienda.
La época, el entorno nacional favorable a Enrique Peña Nieto, el natural desgaste del panismo tras 24 años, el hecho de haber preparado su candidatura cada día de los últimos siete años son elementos que operan a su favor.
Como político Castro Trenti luce más preparado que su rival, lo cual tampoco es un gran mérito (me gustaría verlo frente a un Héctor Osuna Jaime o un Gastón Luken para medir un verdadero equilibrio de fuerzas). En su contra opera que su rival es más sencillo y suele caer simpático a la gente.
Me intriga un poco la clase de gobierno que encabezará ¿Será una réplica del infausto y oscuro sexenio de Manlio Fabio en Sonora? ¿Seguirá la prensa actuando en forma tan abyecta y servil? Ojalá en verdad no sea el caso y sepa rodearse de la mejor gente y dejar de lado a esos siniestros personajes que lo rondan.
Castro Trenti me sigue generando más dudas que certezas. Siempre me he preguntado si de verdad tiene amigos o solamente aliados. Si él siente cariño por alguien fuera de su entorno familiar y si hay gente que está dispuesta a sacrificarse por él como persona, en las buenas y en las malas, o si todo se reduce a pactos temporales por conveniencia. ¿El Diablo tiene amigos de verdad? ¿Es capaz de amar a alguien más allá de su ilimitada ambición y de ser querido como ser humano? ¿Tiene sentimientos o sólo tiene intereses? Lo dicho: este personaje me genera más dudas que certezas.
PD- Lo que he escrito, es un perfil testimonial de la trayectoria y personalidad de los dos aspirantes que se disputan la gubernatura de Baja California basado únicamente en mi experiencia y mis anécdotas como reportero. Ninguno de los dos me gusta demasiado como candidato y siendo franco considero que hay bajacalifornianos con mejores aptitudes que ellos para gobernar la entidad. Lo único que he hecho por ahora, es ceder a mi afán de contar historias e intentar retratar personajes y dimensionarlos dentro de sus humanos contrastes y contextualizarlos en un entorno a menudo caótico y lleno de caprichos. DSB
danibasave@hotmail.com
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