El sexenio del terror

Abraham Nudelstejer • columnista

Durante su sexenio abuso del poder, tiró a la basura las pocas cosas buenas que se habían logrado antes de su llegada al poder y se fue con las alforjas cargadas de dinero.

Egolatría, autoritarismo y despotismo marcaron el estilo con el que se manejó durante sus largos seis años de mandato.

En un principio, la gente creyó en él.

Creyó en sus promesas, en sus argumentos, en sus planes, en sus proyectos, en su filosofía de encarar la situación.

A final de cuentas, como cualquier otro hombre que ha ocupado su puesto, no pudo cumplir con todo aquello que ofreció.

Lo más preocupante del todo, es que deja las cosas peor que cuando asumió su cargo.

Arribó al poder argumentando que conduciría a su entidad a niveles de bienestar y prosperidad nunca antes vistos.

Sus intenciones se quedaron en eso, en intenciones que nunca se concretaron en hechos palpables.

Endiosado por el poder, él siempre se consideró el mejor líder que jamás haya existido.

Entrando al tercer año de su sexenio, la gente comenzó a darse cuenta de que el hombre que ostentaba el poder, el hombre en el que empeñaron sus ilusiones, era un tirano que solamente velaba por sus propios intereses.

Los seis años que disfrutó de autoridad y dinero los aprovechó al máximo para pisotear a sus detractores.

Como buen personaje público, se encargó de neutralizar y segregar a los críticos que en su momento se atrevieron a escribir o expresar sentimientos en su contra.

Aunque los párrafos anteriores bien se podrían ajustar a cualquier político de nuestro tiempo, en esta ocasión el personaje al que me refiero nada tiene que ver con el oficio de gobernar a un país, estado, o ciudad.

Las afirmaciones antes mencionadas van dirigidas a A.J. Smith, el único y directo responsable de lo bajo que han caído los Chargers de San Diego.

Este personaje oscuro, que nunca salía de su oficina para palpar el sentir de los aficionados, para escuchar a las voces de la razón, para hacerle frente a la realidad, llevó a esta franquicia de la NFL a la ruina deportiva.

Solamente A.J. Smith es capaz de correr a un entrenador cuando entrega un saldo de 14 triunfos y dos derrotas en una temporada.

Solamente A.J Smith es capaz de sostener por tres años a un entrenador que no calificó a los playoffs tres temporadas consecutivas.

En enero de 2006, A.J Smith corrió a Marty Shottenheimer porque el entrenador se negaba a ser títere de su jefe.

A pesar de lograr la mejor marca en la historia de los Chargers, Smith despidió a Shottenheimer y lo reemplazó con Norv Turner.

Fue en ese momento en que los seguidores del equipo se dieron cuenta que la franquicia estaba en manos de un dictador.

Los tres primeros años de Turner al frente de San Diego fueron buenos, los últimos tres un desastre.

Además de la decisión de Shottenheimer, A.J. Smith se dio a la tarea de destruir el plantel que en su momento fue considerado el más poderoso de toda la Liga Nacional de Futbol.

Le tardó seis años, pero A.J. Smith se encargó de descarrilar las vías por las que circulaba un equipo cuyo destino final era el Súper Tazón.

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