Política

Reconciliación y Diálogo Nacional: Las opciones frente a la mala apuesta de AMLO por Donald Trump

Era mucho el riesgo de “negociar” con quien nos quería tener de rodillas

Fotografía por: Reconciliación y Diálogo Nacional: Las opciones frente a la mala apuesta de AMLO por Donald Trump

Construir una nueva relación entre México y Estados Unidos, es el gran reto.

Sobre aviso no hay engaño, reza el refrán popular

Les dijimos en público y en privado, se los hicimos saber en tiempo y forma, que la apuesta por Trump de parte de AMLO pudiera ser suicida.

En nuestras palabras no había prejuicio sino prudencia.

No había mala leche, ni “conspiración conservadora”, simplemente sentido común.

Era mucho el riesgo de “negociar” con quien nos quería tener de rodillas, otorgándonos el estatus de vasallos, no de vecinos ni mucho menos de iguales.

Como siempre, hay quienes estando en el poder, suponen que detentarlo conlleva tener todas las respuestas para todas las preguntas.

Fuimos pocos los que nos atrevimos a alertar al presidente López Obrador que no fuera a la Cueva del Lobo. Pero pudieron más otros argumentos y otros intereses y él se fue a meter ahí.

Hoy hay una nueva realidad y la apuesta del presidente mexicano se enfrenta a un revés.

Al margen de las rabietas y patadas de ahogado, Donald Trump es el candidato perdedor en las elecciones de Estados Unidos.

La mejor definición que he encontrado de nuestra relación con el país vecino es la del embajador Jorge Montaño quien ha señalado que, “con Estados Unidos seremos vecinos siempre, socios en algunas ocasiones, pero amigos nunca”.

A pesar de que hay un conjunto de sentimientos y fenómenos sociales que unen a muchas familias y amigos de ambos países, lo cierto es que la historia nos ha demostrado que los diferentes gobiernos de nuestro país vecino, cuando han tenido pretensiones o intereses, han usado la fuerza política, económica y militar para imponer sus condiciones, sin ninguna contemplación.

A pesar de ello, es momento de explorar la posibilidad de la construcción de una nueva y mejor relación entre México y Estados Unidos, que nos permita mayores niveles de colaboración en los temas que nos son comunes, seguridad, migración, relaciones comerciales, combate a las adicciones, desarrollo e intercambio tecnológico, entre otros muchos.

Biden no va a ser la solución a nuestros problemas como país. Biden va a gobernar para los suyos y para eso lo eligieron.

La solución a nuestros problemas no hay que esperar que venga de fuera, sin embargo, a ambos países nos conviene una relación clara, cooperativa e incluso solidaria. Somos habitantes del mismo planeta. Cada país con sus fortalezas y debilidades, se requieren el uno del otro.

¿Seremos capaces mutuamente de entender esto?

Las futuras acciones de ambos países nos dirán si tuvimos la capacidad o no de entender esta nueva realidad, después de la larga noche trumpiana.

Nuestro rechazo a Donald Trump no partía de ocurrencias, protagonismos o cuestiones superficiales.

Tuvimos que plantar cara porque no podíamos estar de acuerdo con un personaje que durante sus campañas y su gobierno se dedicó a agredir, a insultar y faltarle al respeto a nuestros connacionales, quienes han sido pilares fundamentales en la prosperidad de nuestro país vecino.

En el barrio aprendí que puedes ser tolerante y permitir muchas cosas, menos que te falten al respeto.

Por ello, definí que solo o acompañado, teniendo todo en contra e incluso la incomprensión de muchos, daría la batalla en contra del energúmeno empresario que vino a México a cometer fraudes y violaciones a las leyes nacionales en territorio mexicano.

Interpuse una demanda en contra de Donald Trump, en medio de una enorme soledad, donde la única motivación era no dejar pasar la sarta de insultos, agresiones y burlas a nuestros connacionales por parte del magnate inmobiliario que después sería presidente del país más poderoso del mundo.

Me alegro, y me alegro un mucho, que haya perdido la elección un personaje tan grotesco y vulgar como Donald Trump. Un “Trucutú” de la política: silvestre, rudimentario y salvaje, sin ninguna noción de la ética, el respeto y la cortesía.

Trump ha perdido no solo las elecciones, sino hasta las más elementales formas de conducta cívica y protocolaria. Sus berrinches, diatribas y malquerencias, fueron callados a punta de votos.

Esperemos que esto nos sirva como ejemplo y se entienda la lección, para que en México no se siga por el camino de la confrontación y se abra un amplio proceso de dialogo nacional, con todas las fuerzas políticas y sociales.

No es la hora de los remilgos ni de los pretextos para regatear dialogar con todos.

Mal se ve el presidente cuando declara “que no se reúne con aquellos que han agredido a la investidura presidencial” cuando él mismo asistió a la Casa Blanca, para ser grabado y utilizado para promocionar la campaña de Donald Trump, “con toda la investidura presidencial”. Lo usaron sin siquiera pedirle permiso, metiéndolo en un pleito de cantina, que no era el nuestro.

Como ciudadano no espero ni quiero que le vaya mal al presidente López Obrador, ni al país.

Pero considero que ha llegado el momento de que el presidente deje los soliloquios, los sermones y la manipulación política como las actitudes cotidianas que constituyen en el día a día la ruta y los trazos de la acción gubernamental.

Es necesario que en las pontificaciones mañaneras deje tratar de imponer en forma unipersonal y unilateral los temas de la agenda nacional. Es decir, que ya dejé de hacer campaña y se ponga a gobernar en serio.

Es momento de entender que un país como México, con toda su enorme complejidad nos necesita a todas y todos, a mayorías y minorías, a jóvenes y viejos, a los de derecha, a los de centro y a la izquierda, a las personas con religión o sin ella.

El presidente debe convertir este momento de crisis en una oportunidad, para abrir un amplio dialogo sobre los grandes problemas nacionales, escuchando a todas las voces de la sociedad mexicana.

Es la mejor manera de evitar dejarse arrastrar en el cabús de la derrota de Donald Trump.

Una nueva República solo es posible construirla con la participación de todas y todos, sin exclusiones. No habrá transformación si no hay inclusión.

Yo no soy nadie para darle consejos a nadie, mucho menos al presidente, solo emito mi opinión con el único propósito de que le pueda ir mejor a mi país.

Estoy convencido de que es la hora de construir entre todos los cimientos de una sociedad democrática, segura, con esperanza y con un pleno desarrollo, que pueda potenciar las grandes fortunas materiales y espirituales que México tiene, para que nuestras familias y nuestros hijos puedan tener mejores condiciones de vida.

La realidad se ha impuesto y hoy quienes le apostaron a Trump son quienes han perdido. Se equivocaron en su apuesta.

Esperemos que no sea México el que siga perdiendo, y que el presidente se zafe de la atadura al ejemplo de Trump el perdedor, construyendo una relación de diálogo y entendimiento con todas las fuerzas políticas y sociales de nuestro país.

Tijuana BC a 6 de noviembre del año 2020

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