A propósito de las elecciones, hablemos de fútbol.

En el año 2017 publiqué un artículo titulado Euforia y Frivolidad, Ciudadanos de Tiempo Completo. En el menciono una idea que he planteado de tiempo atrás y que hoy retomo a colación de la próxima elección. Históricamente en México la opinión pública tiende a transitar de la euforia a la frivolidad con una enorme facilidad. La experiencia dice que por lo general existe poco interés en esforzarse por estar informados, pero aún más, por el de saber informarse y tener el constante interés por hacerlo. Cuando existe un problema o reclamo, hay que tener muy claro no únicamente en qué consiste este, sino porqué se llegó a esa determinada coyuntura y que implicaciones tienen las exigencias y acciones que se tomen.

En un ejercicio de simplificación quisiera dedicar unas líneas a ejemplificar, con un tema menos vital que el rumbo político, económico y social del país, el como la falta de entendimiento sobre algún tema y la deficiente forma de lidiar con él nos lleva a formar opiniones que están equivocadas de raíz. Hablemos de fútbol entonces.

La Selección Mexicana de fútbol. De las 211 naciones que se encuentran afiliadas a FIFA solo 8 han conquistado la Copa del Mundo desde que se jugó la primera edición en 1930. De estas, 2 de ellas la han obtenido una sola vez: Inglaterra y España. Los otros 6 ganadores (Brasil, Alemania, Italia, Uruguay, Argentina y Francia) se han repartido las otras 19 ediciones. Aunado a esto, a partir de 1966 cuando Inglaterra y Alemania disputaron la final, los 2 finalistas han pertenecido a este selecto grupo de 8 países, con dos excepciones, Holanda, que perdió la final con Alemania, Argentina y España en 1974, 1978 y 2010 respectivamente, y Croacia que disputó la final con Francia en la más reciente edición en Rusia. Es decir, ser campeón del mundo, o llegar inclusive a la final, ha sido algo reservado para un selecto grupo de países. Un dato adicional: España, un país cuya liga de fútbol ha sido una de las 3 más importantes de la historia y en donde juegan el Real Madrid y el Barcelona, no poca cosa, nunca había conseguido siquiera acceder a una final de la Copa del Mundo hasta el 2010 cuando la conquistó en Sudáfrica. Así, solo menos del 4% de los países que podrían aspirar a ganar la competencia lo han hecho.

No coincido con aquellos que opinan que el fútbol mexicano no da para más del cuarto partido en una Copa del Mundo, y por lo tanto debemos resignarnos. Tampoco creo que sea coherente decir, como en muchas ocasiones lo he escuchado con un deje de pesimismo e ironía, que “México nunca va a ganar el mundial”. Lo cierto es que México, por lo menos en el corto plazo, no tiene porque ganar esta competencia, así como no la tienen el 95% de los países afiliados a FIFA. No se trata de ser pesimistas, pero tampoco es lógico recorrerse al otro extremo y recurrir al: “El que quiere puede”. Tras analizar los datos y resultados nuestra opinión del desempeño y expectativas que debemos tener sobre la selección mexicana en un mundial debe ser equilibrada. Es simple cálculo o ejercicio de contrapesos, dejando atrás la euforia en el triunfo y la frivolidad en la derrota. Quinto partido, eso sí es más que alcanzable y ya toca.

Dicen que el fútbol es lo más importante de lo menos importante. En este caso sirve como un termómetro importante, por el interés y pasión que levanta en los mexicanos, de cómo se nos complica en lo particular y colectivo lograr un entendimiento de los problemas y acontecimientos nacionales de toda índole, debido a un desinterés por conocer esos mismos problemas y acontecimientos a fondo para formar opinión, y no basados en ideas que parten de premisas incorrectas, a veces ficticias. Este pequeño análisis sobre fútbol ejemplifica el cómo acostumbramos formar opinión poco fundamentada. Desgraciadamente sucede lo mismo en temas de mucha mayor trascendencia para la vida del país.

El desinterés por lo público, nos ha llevado en gran medida a, no solo elegir mal en muchos casos a nuestros gobernantes, sino a constantemente estar llegando tarde como país a la cita para resolver los males que nos aquejan. Desgraciadamente la historia se repite, la terrible frase ¨no podríamos estar peor¨, lo refleja, pero es absolutamente errónea, y hay datos duros para comprobarlo. Ya estamos a un paso de la elección, todavía podemos darnos la oportunidad de a salir a votar, con seriedad, con mente fría y prudencia.

El contenido de este artículo son opiniones de nuestros colaboradores y no representan al medio o sus propiedades.

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