Memoria y Paisaje Cultural en el Valle de Guadalupe

Como bajacaliforniano, el Valle de Guadalupe ha estado presente en mi memoria hasta donde soy capaz de recordar. Ha formado parte, en algún nivel, de mi imaginario al igual que en el de muchas personas nacidas o criadas en estas tierras, que llegaron a ser el rincón más lejano de México hasta ya entrado el siglo XX.

Desde la mención obligada que mi papá hacía en cada viaje familiar en auto en camino a Ensenada desde Mexicali, justo cuando entrábamos al valle y veíamos a mano derecha el edificio de Domecq, acerca de cómo en este valle se producía muy buen vino, el cual se consumía en muchas partes de México y el mundo, hasta los comerciales de televisión que se transmitían a nivel nacional de Casa Domecq y se mencionaba el Valle de Guadalupe y sus vinos, comerciales que por algún motivo se quedaron particularmente grabados en mi memoria, el lugar adquirió inadvertidamente importancia para mí.

Aun así, mi relación con el Valle de Guadalupe, sus vinos, paisajes y comida entre otras cosas, fueron experiencias con las que empecé a convivir de forma intensa hasta hace relativamente pocos años, a pesar de la relevancia del lugar y mi interés por la historia y patrimonio cultural de Baja California. Quizá como todas las cosas buenas de esta vida, tardó en madurar.

Mis visitas recreativas se hicieron cada vez más frecuentes, y mi interés y gusto por visitar el valle ha incrementado con el paso de los últimos años. Mi quehacer profesional como arquitecto había estado en varias ocasiones a punto de provocar que mis lazos con el lugar aumentaran, sin embargo fue hasta hace poco menos de un año que el inicio de un proyecto, de esos que provocan mucha ilusión, logró que esta coyuntura finalmente sucediera.

La naturaleza del proyecto y el cómo ha sido abordado me ha obligado a conocer, adentrarme y disfrutar de mejor forma los paisajes culturales del Valle de Guadalupe, entendidos estos como el resultado de la combinación de los aspectos naturales, históricos, funcionales y culturales del lugar. Me ha ofrecido también la oportunidad para conocer o reencontrarme con personas que tienen un compromiso de vida con el Valle de Guadalupe y su buen andar por muchos años más.

La popularidad del Valle de Guadalupe entre los bajacalifornianos y personas de muchas otras latitudes, ha, como es de esperarse, provocado un desequilibrio delicado en los paisajes culturales de este ¨inesperado santuario para el vino´´, como lo llamó Robert Draper en un artículo de 2017 para el New York Times. Draper utilizó la palabra sanctuary, la cual se traduce a santuario en español, sin embargo la connotación principal del término en uno y otro idioma difiere, ya que según la RAE, la palabra se deriva del latín sanctuarium, y su significado principal es ser: Templo en que se venera la imagen o reliquia de un santo de especial devoción. Otras definiciones se refieren a ¨un lugar sagrado o santo . . .¨. En inglés la palabra sanctuary refiere más a un lugar de refugio o para estar a salvo. Cualquiera de las dos definiciones parecerían apropiadas al hacer referencia al Valle de Guadalupe como un santuario para el vino, aun cuando Draper seguramente se refería al lugar de refugio.

Por la importancia que implica un santuario de cualquier tipo, el respeto y cuidado con el que se debe conservar su condición sagrada, natural o de refugio es indispensable y deja poco margen, el cual debe existir, para lograr una estabilidad o desarrollo sustentable del mismo. El éxito del Valle de Guadalupe como destino es, como dicen los clásicos, su bendición y maldición. Cuando algo delicado o trascendental está en juego, conviene inclinar la balanza hacia la cautela, lo cual no significa por lo general permanecer estáticos. La esencia misma de los paisajes naturales y culturales vitivinícolas alrededor del mundo, el Valle de Guadalupe no es la excepción, requiere que la toma de decisiones trascendentales sea a largo plazo para así poder heredar un lugar y negocio próspero a futuras generaciones. Lo sensato, creo yo, es apoyarlas y promoverlas en calidad de lo que les toque a cada quien.

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