Autos chocolate y las acostumbradas soluciones unitarias

La reciente discusión derivada del decreto firmado por el presidente de México relativo a la regularización de los autos chocolate, dejó una vez más al descubierto la muy corta visión y lo increíblemente superficial de los argumentos que suelen tomarse en cuenta por parte de la autoridad y de muchos sectores de la sociedad a la hora de atender materias públicas de alta complejidad. El problema de los autos chocolate, especialmente para las ciudades de Baja California, es uno complejo que no se presta a soluciones unitarias sencillas. En cualquier materia compleja siempre habrá mucho por decir, y sobre las ciudades en general, más aún sobre las sumamente dinámicas y de rápida expansión como las de Baja California hay efectivamente muchas cosas que decir.

Argumentar que la legalización de los autos chocolate se llevó a cabo porque muchos delitos son cometidos en autos que mantienen esta condición, es solo tomar una variable de un gran número que componen un problema y resolver sobre el mismo minimizando o desconociendo los demás. Más aún cancela la posibilidad de atacar y discutir de una vez por todas el fondo y raíz de los problemas para buscar soluciones a largo plazo y duraderas. De la misma forma hay coyunturas específicas que deberían condicionar la toma de decisiones en un momento determinado. Por ejemplo, el grave problema de calidad del aire en el estado, particularmente en Mexicali, no da espacio para que se tomen decisiones que no abonen para mejorar la calidad de ese aire. En la situación actual toda aquella política pública que no abone a reducir emisiones debería de pensarse dos veces, mucho más si contribuye a empeorar la situación.

Desde su concepción, las ciudades de Baja California se imaginaron con un diseño enfocado al uso del automóvil. La vecindad con el sur de California permitió desde principios del siglo veinte que el automóvil se convirtiera en una opción viable por simple estilo de vida regional, pero también porque las condiciones económicas y sociales estaban dadas, y sigue siendo así, para que poseer una unidad fuera accesible para prácticamente cualquier estrato de la población.

A pesar de las marcadas diferencias topográficas entre las principales ciudades de Baja California, lo cual marca en gran medida las diferencias que pueden existir con relación a movilidad entre ellas, todas comparten la plena dependencia en el automóvil como una característica intrínseca que las ha definido y condicionado siempre. Podría decirse que es parte de su ADN urbano.

Como consecuencia, se generó un círculo vicioso con relación al uso del auto privado y el transporte público. Estas ciudades cuentan con algunos de los sistemas de transporte público más deficientes y obsoletos entre las ciudades grandes y medias del país. La falta de soluciones al problema a lo largo de décadas se puede atribuir a factores diversos, sin embargo, todo se resume en una falta de políticas públicas integrales encaminadas a crecer mejor, en las que temas como uso de suelo, movilidad, densidad y equilibrio ambiental, dialoguen entre ellos y no se manejen como fenómenos aislados.

En lo urbano comúnmente cuando una iniciativa va encaminada, desde la perspectiva de sus promotores, a resolver un solo problema específico debería cuestionarse con qué profundidad fue concebida y estructurada. Salvo algunas excepciones, cuando se interviene o se impacta a una ciudad con una política, planeación y/o acción de infraestructura los efectos de estas acciones desencadenan otros que deben en la medida de lo posible tenerse contemplados. Son por así decirlo, efectos secundarios. Los efectos secundarios pueden ser positivos o negativos, los positivos se contemplan para que esa acción pueda aprovecharse al máximo y lograr diversos beneficios que se relacionan de una manera o de otra entre sí, y también pueden llegar a cumplir la función de parámetros para poder saber el verdadero impacto y beneficio que esa acción conlleva con respecto a sí misma o con respecto a otras acciones u opciones. Pero obviamente están también los efectos negativos, los cuales deben siempre ponerse en la balanza con relación al beneficio que se busca obtener con la iniciativa o acción.

El tema de los autos chocolate es no solo un tema de seguridad, también es un tema que tiene implicaciones directas en el medio ambiente, la movilidad sustentable (la cual a su vez está ligada a la densidad y el uso de suelo), la cultura de la legalidad, la economía, más otras indirectas. Así, como variable importante y concreta, abordar el tema de la movilidad sustentable seriamente de una vez por todas debe de tomar en cuenta a los autos chocolate como causa y efecto, los autos en general como factor indispensable de la ecuación.

En Baja California, requerimos ciudades de alto desempeño en un amplio espectro de áreas para que estas sigan siendo atractivas. El acceso a vivienda, una movilidad confiable y eficiente, una oferta laboral robusta y acceso a educación de calidad son algunas de las características que ofrecen un ambiente favorable para atraer y conservar talento. Otra importante característica que adquiere mayor importancia día a día es la condición ambiental con la que cuenta una ciudad, no sólo con relación a su nivel de competitividad para atraer empresas que monten su operación en ella, sino con relación a su capacidad de atraer el mejor talento. Los ajustes en este sentido deben darse pronto, día que pasa día que se pierde.


El contenido de este artículo son opiniones de nuestros colaboradores y no representan al medio o sus propiedades.

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