Nueva York, 20 sep (EFE).- Nueva York atrae a gran cantidad de inmigrantes, que ya no solo se distinguen por nacionalidades sino también por sus particularidades culturales y étnicas, como los garífunas, que han establecido en la Gran Manzana su mayor comunidad fuera de Centroamérica.
"Somos una comunidad con una historia muy rica e interesante", sostuvo a Efe José Francisco Ávila, presidente de la Coalición Garífuna, una comunidad que se dedica mayoritariamente al área de servicios en Nueva York.
Los garífunos, la mayoría procedente de Honduras donde son el 10 por ciento de la población total, pero también asentados en Guatemala, Belice y Nicaragua, han logrado mantener su lengua materna, y al escucharlos, muchos en el metro o las calles de la ciudad, creen se trata de una lengua africana.
"Somos una combinación de indio Caribe, africano e indio Arahuaco. Somos el único grupo afro-descendiente que ha mantenido su cultura e idioma, pero nuestra lengua es mayormente arahuaca", explicó al referirse a las etnias que hablan o hablaban lenguas de la familia Arawak.
Ávila destacó que las mujeres trabajan con los programas de cuidado de ancianos o enfermos a domicilio en Nueva York, donde hace cuatro años se celebra el Mes de la Herencia Garífuna.
Aunque los primeros se establecieron en Nueva York en la década de 1930, con la llegada de marinos mercantes que se afincaron en Harlem, y de allí a El Bronx, muchos neoyorquinos desconocen de la existencia de este grupo étnico.
Se estima que Nueva York es el hogar de al menos 200.000 garífunos, la mitad de ellos en El Bronx, un condado de mayoría hispana, y el resto está distribuido en Brooklyn y otros vecindarios neoyorquinos.
"A El Bronx se le ha conocido como el condado de la salsa por los puertorriqueños, luego de la 'salsarengue' por la emigración dominicana y ahora hay que llamarle también el condado del ritmo Punta", autóctono de esta comunidad, dijo Ávila.
Lamentó que pese a que habían estado en Nueva York durante seis décadas, no fue hasta el 25 de marzo de 1990 que la comunidad fue visible para la ciudad tras el fuego en la discoteca Happy Land en El Bronx, donde 59 de las 87 personas que murieron eran garífunos.
La historia de esta comunidad se remonta a la isla de San Vicente, en 1600, donde se estableció un grupo llevados a Occidente para ser esclavos, pero el barco naufragó. Los caribes les recibieron en la isla, y con ello, se inició el mestizaje.
El 12 de abril de 1797 fueron expulsados por los británicos que habían invadido previamente San Vicente, y así se establecieron unos 5.000 en la isla de Roatán, al norte de Honduras, en ese entonces bajo dominio español.
"Nuestros antepasados negociaron con los españoles para que nos dejaran cruzar hasta Trujillo, que entonces era la capital de Honduras, estableciéndose así dos colonias: Cristales y Río Negro", señaló Avilés.
El deseo de los españoles de encontrar oro les llevó a abandonar la costa, y los garífunos a expandirse fundando varios poblados.
"Eso nos llevó a estar aislados en la costa norte, lo que nos permitió mantener nuestra lengua", la que otros pueden aprender a través del diccionario que ya existe en formato digital, e incluso descargar una aplicación para el iPad, destacó.
La lengua garífuna, junto con la danza y la música de esta comunidad centroamericana, fue proclamada por la Unesco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2001 e inscrita en 2008 en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
"Por lo general somos trilingües: español, inglés y nuestra lengua garífuna, que hemos conservado durante 214 años de forma oral" ya que no fue hasta la década de 1990 cuando, tras un movimiento de la comunidad, se comenzó a enseñar en algunas escuelas de Honduras, destacó.
Aunque la mayoría son católicos, existen unas 20 iglesias protestantes en la ciudad, con su propia biblia en lengua garífuna, estableciéndose las primeras en Brooklyn. El movimiento llegó a El Bronx, donde el reverendo Celso Jaime fundó la primera hace veinte años.
Al hablar de su gastronomía hay que mencionar el Judutu, un puré de plátano verde (majado) que se acompaña con sopa de pescado, sin olvidarnos del tradicional pan de casabe (yuca), que también es típico de otros países.