Sin embargo, la raza afroamericana no es la única víctima de abusos por su ascendencia o color de piel. Al sur de Estados Unidos hay un caso que parte de la misma raíz y que no consiguió justicia, el homicidio de Sergio Adrián Hernández Guereca a manos de un agente fronterizo en junio del 2010.

Sergio Hernández fue un niño mexicano de 15 años que murió a manos de la policía fronteriza un verano, cinco años atrás. El agente que le disparó, Jesús Mesa, justificó la medida argumentando que el menor le estaba agrediendo con piedras. Sólo entonces, al sentirse "amenazado", fue que Mesa tomó la decisión de dispararle. Él, como agente fronterizo desde El Paso, Texas, a un niño que lo incomodaba desde Ciudad Juárez, en México.
A varios años de revisar el caso, este viernes se emitió un veredicto. La Corte Federal declaró inocente al policía que asesinó a Sergio Hernández, dejando un gran pesar en aquellos que esperaban justicia.
Vicki Gaubeca, Directora del ACLU del Centro Regional para los Derechos Fronterizos en Nuevo México, emitió un comunicado para expresar su decepción ante el fallo del caso:
"El veredicto decepcionante del tribunal no toma en cuenta la necesidad de justicia de la familia, y parece dar, a los agentes fronterizos, licencia para disparar libremente a lo largo de la frontera internacional y matar niños."
A su vez, Christian Ramírez como Director de Derechos Humanos de la Alianza en San Diego, lamentó las implicaciones de este dictamen, pues según sus propias palabras, las comunidades fronterizas serán condenadas a vivir "perseguidas por la impunidad y el estado de violencia".
Sergio iba desarmado cuando lo mataron. Así murió también Michael Brown en Ferguson, así falleció Eric Garner en Nueva York y lo mismo ocurrió con Freddie Gray en Baltimore. En todos los casos, sus agresores quedaron libres.
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Elizabeth.rosales@sandiegored.com