El primero de enero no fue una celebración de Año Nuevo en la Casa del Migrante sino de la Independencia de Haití. Cientos de haitianos se reunieron en el albergue para celebrar a su país de origen.
La celebración culminó con una gran olla de Joumou, una sopa que el gobierno colonial francés no permitía que los locales comieran. "Hoy comeremos esta sopa de calabaza como signo de libertad", dijo el padre Webhert Maryland, de origen haitiano, quien ofició una misa conmemorando la fecha.
A pesar de que más de 18 mil haitianos han huido de su país por la crisis económica y las consecuencias de los fuerte sismos, el director de la Casa del Migrante, Patrick Murphy, expresó que más que un festejo es un espacio para que los migrantes olviden un poco de todo lo que están pasando. Sentirse como en casa.
Vía Jornada BC
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