Hasta ahora, hemos visto en los medios la gran discusión respecto a la homologación del IVA y en general de la reforma hacendaria que ha propuesto Peña Nieto. Sin embargo, son únicamente los empresarios quienes se han inmiscuido formalmente en contra de la igualación del impuesto en la frontera.
Según un estudio de la OCDE de 2011, en México la recaudación tributaria en 2008 fue de 16.91% del PIB, una tasa por debajo del promedio del 34.82% de los países integrantes de dicha organización. Es decir, a pesar del cobro de impuestos nuestra recaudación es muy baja. Ello es un claro indicador de que el estado mexicano no sabe cobrar impuestos y los pocos que cobra los cobra muy mal. Ciertamente el Estado requiere recursos, pero la pregunta que debemos hacer es: ¿En qué los quiere gastar?

¿Y el capital social?
A pesar del ruido mediático, la sociedad del norte de México poco ha manifestado su malestar y descontento con esta reforma que a todas luces tiene un gran defecto: es regresiva. El problema de raíz que tiene esta propuesta es que limita la libertad económica de los mexicanos. Además, volvemos a caer en un error que en el pasado ya cometimos: se pretende que el Estado mexicano mediante el gasto público- genere riqueza. Es decir, vamos de regreso al Estado interventor de la economía cuando se supone que ya habíamos aprendido la lección con las historias de Luis Echeverría y José López Portillo. Incluso, ya habíamos emprendido una serie de reformas económicas precisamente para prevenir estos errores.
Al mismo tiempo, dadas las dificultades del sistema tributario que nos rige en México tenemos que hay 12,844,580 personas que están en la informalidad frente a los 34,104,000 personas que están registrados en el padrón de contribuyentes. Esta situación ha generado dos economías en el país, una que compite deslealmente y la otra que es contribuyente cautivo del Estado.

Los contribuyentes deben exigir a la autoridad ser tomados en cuenta y que se diseñe un sistema tributario que sea sencillo y efectivo para que se impulse una cultura del pago de impuestos. Ahora bien, si los ciudadanos pagamos impuestos también tenemos derecho a ser informados claramente cómo y en qué son invertidos los recursos disponibles de parte del Estado. Eso implica que la clase política se acostumbre también a una robusta cultura de rendición de cuentas y transparencia, y también de evaluación de los resultados obtenidos.
En estos días está los jaloneos, y si bien la Cámara de Diputados aprobó la reforma hacendaria, en el Senado las cuentas no parecen estar muy claras para el PRI. Hasta ahora los más combativos han sido los empresarios, veamos si la eliminación del IETU y del IDE no termina siendo moneda de cambio con los empresarios norteños para que permitan la aprobación del aumento del IVA.
Lo que resta
Esta semana el Lic. Francisco Vega de Lamadrid asume la gubernatura que buscó durante 12 años en 3 intentos, al igual que su mentor político, el extinto Héctor Terán Terán. Ya ha dado a conocer una buena parte de su gabinete y no se ha rodeado sólo de panistas. Sin embargo, debería poner atención a varios temas: Osuna Millán duplicó la deuda estatal en 6 años, el desempleo en el Estado está en niveles histórico. Si la reforma hacendaria se aprueba, tendrá el escenario de una "tormenta perfecta".
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