Las funciones del albergue iniciaron el pasado 14 de septiembre, con la esperanza de proporcionar techo a los migrantes, en su mayoría haitianos y africanos.

En un espacio pequeño de terreno están habilitadas más de 50 pequeñas casas de acampar.
Pequeñas casas de colores fluorescentes se ven a lo largo del precario terreno, pero acondicionado con las necesidades básicas, como luz, agua y gas.

Por turnos, los migrantes se organizan para cocinar.
La peculiaridad de los migrantes que han aceptado vivir en las pequeñas casas de acampar se basa en que muchos de ellos han quedado desprotegidos, el poco presupuesto con el que contaban se les ha ido terminaron al transcurso de la larga espera.
Muchos de ellos llevan casi un mes en Tijuana, esperando, anhelando que su petición de asilo político se les conceda. En los rostros de muchos de ellos se ve la desesperación, solo quieren una vida mejor y dejar atrás el largo trayecto que han pasado para llegar a Tijuana.

Las casas de acampar las comparten de dos a tres personas.
José María García, fundador y coordinador del ahora Albergue Juventud 2000, manifestó que se ha rebasado la capacidad de personas que se pueden atender, han dejado incluso a personas fuera por la falta de espacio, por lo cual enfatizan a que el gobierno Federal se sume a resolver esta problemática que se ha presentado en la ciudad.

Algunos ya se han podido instalar, pues llevan ya semanas esperando su cita.
Familias enteras se encuentran en el albergue. En el diminuto espacio que queda entre las casas de acampar se puede observar a algunos pequeños jugando, a un grupo de hombres pasando el tiempo jugando cartas, a algunas mujeres organizándose para cocinar, mientras que otros se apartan en un orilla para poner a cargar sus teléfonos celulares.

Los migrantes realizan distintas actividades para pasar el tiempo.
La respuesta de la ciudadania ha sido constante, comenta el coordinador, pero día a día intentan salir con las necesidades, entre el pago de servicios públicos como la luz o el gas, a veces se hace una pequeña cooperación entre los mismos migrantes pues imaginar cocinar para más de 90 personas es un reto.

Algunos aprovechan el acceso a energía para recargar sus teléfonos y estar en contacto con sus familiares.
La tarde del lunes, autoridades municipales entregaron un donativo en especie y en efectivo con la cantidad de 40 mil pesos que ayudará a solventar algunos gastos.
Aún así el albergue, ubicado en la zona Norte, por la calle Segunda, acepta donaciones a quienes se encuentren interesados; piden principalmente ropa interior y cobijas, así como productos de aseo personal.

Pese a la condición en la que se encuentran muchos de ellos se dan tiempo para jugar y distraerse.

Incluso este albergue se encuentra a su máxima capacidad.
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