Identificar nuestro patrimonio y comprender la importancia que representa para nuestra región fronteriza ha sido, históricamente, un reto constante.
Desde nuestra fundación como poblado, Baja California ha permanecido en un relativo aislamiento respecto a las grandes iniciativas de conservación que han logrado consolidarse en el centro del país.
Esta distancia no solo ha sido geográfica, sino también institucional, dejando a nuestras manifestaciones arquitectónicas modernas en un estado de vulnerabilidad ante el crecimiento urbano acelerado.
Sin embargo, esta periferia es también el escenario de un rico intercambio cultural que permea en toda América.
Bajo esta visión integradora, Icomos Mexicano (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios), organismo consultor de la Unesco, con el apoyo de la Secretaría de Cultura del Estado, organizó el pasado mes de noviembre en Ensenada, Baja California, un encuentro científico de trascendencia continental.
Continúa leyendo: Recibe Licenciatura en Arquitectura de IBERO Tijuana reacreditación ANPADEH
Este evento ha dejado una herencia fundamental: la edición de “La carta de Ensenada”, un compromiso multinacional y una herramienta técnica de vanguardia para la protección y salvaguarda de nuestros patrimonios, tanto tangibles como intangibles.
En mi carácter de miembro de este consejo, y movido por la pasión de documentar la memoria histórica de nuestra tierra, he decidido proponer este documento para su publicación.
Considero que vivimos un momento histórico excepcional para los bajacalifornianos; un acontecimiento que posee el potencial de elevarnos, en primera instancia, a un acto singular de preservación de la obra de figuras como Jaime Sandoval y Mario Pani.
El desenlace que buscamos es ambicioso: la conservación y propuesta integral de un entorno emblemático que hoy reclamamos con orgullo como “La esquina de Latinoamérica”.
La Vanguardia en la frontera: el legado de Mario Pani y Jaime Sandoval en Tijuana
La arquitectura contemporánea en la frontera norte de México no puede entenderse sin la intersección de dos figuras fundamentales: el arquitecto Mario Pani Darqui y el ingeniero Jaime Sandoval Hernández.
Continúa leyendo: Tijuana gana premio de arquitectura en mejoramiento urbano de la League de Nueva York
Su colaboración no solo importó las tendencias del Movimiento Moderno a la región, sino que redefinió la identidad visual de Tijuana, convirtiéndola en un laboratorio de experimentación funcionalista y monumentalista.
Sinergia intelectual: de la capital a la frontera
La trayectoria de ambos profesionales estuvo marcada por una formación cosmopolita y una visión audaz del desarrollo urbano.
Mario Pani, educado en Europa, fue el principal introductor del Estilo Internacional en México, adaptando las teorías de Le Corbusier a la realidad nacional a través de proyectos masivos de vivienda y planificación, como el Plan Maestro de la UNAM.
Por su parte, Jaime Sandoval, graduado de la Universidad de Missouri en 1930, aportó un rigor técnico en la ingeniería civil que permitió materializar las visiones más ambiciosas de la época.
Su colaboración formal inició en la década de 1930 con el Hotel Reforma en la Ciudad de México (1936), un hito que estableció estándares internacionales de lujo y funcionalidad.

Continúa leyendo: Invitan a reflexionar sobre la resiliencia durante la Semana de Arquitectura IBERO
Esta relación profesional se extendió a proyectos en Michoacán, como el Hotel TuriMich (hoy Alameda), donde Sandoval fungió como residente civil, consolidando una metodología de trabajo que años más tarde transformaría el paisaje fronterizo.
El Pronaf y la modernización de Tijuana
El punto de inflexión para el legado de ambos en Tijuana ocurrió bajo la administración de Adolfo López Mateos con la creación del Programa Nacional Fronterizo (Pronaf).

Pani, encargado de la investigación y análisis urbano del programa, proyectó una visión de “ciudades del futuro” que buscaba atraer el turismo estadounidense y dignificar la entrada al país.
Bajo esta premisa se conceptualizó la “Puerta a México” (1964), una estructura que se convirtió en el símbolo de la modernidad tijuanense.

Diseñada bajo el principio de que “la forma sigue a la función”, la Puerta utilizaba cascarones de concreto colados en sitio, una técnica dramática que permitía crear luces amplias y formas geométricas puras.
Continúa leyendo: Eligen al maestro en ingeniería Franco Casas como nuevo presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Tijuana
Aunque demolida en 2015, esta obra representó la expresión más clara del funcionalismo aplicado a la infraestructura aduanal.

El sello de Sandoval: funcionalismo y monumentalismo
Mientras Pani operaba desde su Taller de Urbanismo en la capital, Sandoval se estableció en la región binacional, ejecutando obras que hoy son pilares del patrimonio moderno de Tijuana.
Su trabajo se divide en dos vertientes principales: la institucional-religiosa y la monumental.

En el ámbito educativo y de fe, el Colegio La Paz (1951) y el Templo del Espíritu Santo (1957-1962) destacan por su audacia estructural.
El templo, en particular, es una obra maestra del funcionalismo: siete cascarones de concreto de medio arco abovedados y telescópicos que simbolizan los Siete Dones del Espíritu Santo.

Continúa leyendo: Niño de 7 años representará a México en festival internacional de ingeniería
Esta solución no solo es estética, sino funcional, permitiendo una entrada de luz natural que crea una atmósfera de trascendencia divina, similar a las exploraciones de luz de Philip Johnson o Félix Candela.
Por otro lado, la Plaza Monumental de Playas de Tijuana (1960) representa el culmen del Monumentalismo en la frontera.

Construida en un tiempo récord de 100 días, esta mole de concreto reforzado con capacidad para más de 21,000 personas desafió las condiciones climáticas del Océano Pacífico.
Su presencia masiva buscaba proyectar estabilidad y poder, consolidando a Tijuana como una ciudad capaz de albergar eventos de talla mundial frente a la mirada internacional.

Un legado bajo amenaza
La trayectoria de Pani y Sandoval en Tijuana dejó un testimonio vivo de la arquitectura CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) en suelo mexicano.
Continúa leyendo: Estudiantes de la UNAM ganan primer lugar en Olimpiada de Ingeniería
Sin embargo, la pérdida de la “Puerta a México” ha encendido las alarmas sobre la vulnerabilidad de este patrimonio.

Expertos internacionales, como el Dr. Francesc Xavier Costa Guix de la Fundación Mies van der Rohe, han señalado la importancia de que instituciones como DOCOMOMO y la Unesco reconozcan y protejan estos sitios.
En conclusión, el legado de Pani y Sandoval no es solo una colección de edificios, sino la materialización de un momento histórico en el que la arquitectura fue el puente para integrar a Tijuana en la modernidad global.
Preservar sus obras remanentes, como Colegio La Paz, Templo del Espíritu Santo y la Plaza Monumental, es un acto de justicia histórica y una necesidad para mantener la identidad cultural de una de las fronteras más dinámicas del mundo.
Como hito en la ciudad la Monumental es un referente sincero de poder y alarde constructivo, un espectáculo distintivo de su época monumentalismo brutalista.
Continúa leyendo: Festival de Ciencia e Ingeniería regresa a San Diego
Los ejercicios que hoy día toman curso bajo este tipo de circunstancias y los cuales resultan de mucho mayor valor para la comunidad y para los accionistas, son los que se acercan al respeto de los derechos de las futuras generaciones preservando el contenido del espacio urbano y medio ambiente.
Asegurando un bien la cifra suma y multiplica para hoy y para cualquier futuro financiero de cualquier simulador de usufructo, solo si la visión es una que comparta, atestigüe y materialice la memoria colectiva y se atreva a resolver con coherencia ejercicios de valuación tangible e intangible, el reto radica en el diseño de una estrategia de visión.