En el último mes casi un millar de personas provenientes de todas partes del mundo han llegado a Tijuana en busca de cruzar la frontera y encontrar una mejor calidad de vida. En su mayoría vienen de Haití, Senegal y Congo.
Algunos ya obtuvieron cita con las autoridades migratorias para buscar obtener asilo político; el resto espera en diversos albergues de la ciudad o en espacios públicos ante la escasez de techos disponibles para recibirlos.

Foto: Daniel Esparza / SanDiegoRed.com
Sitios como el Desayunador Salessiano Padre Chava en la Zona Centro de la ciudad se han encargado de darles asilo, alimento y espacio para sus necesidades básicas. Aunque, según nos comentó Margarita Nonaegui, coordinadora del desayunador, a los migrantes de Haití "no les gustan los chilaquiles".
Nonaegui asegura que devolvían la comida, entonces debieron preguntarles "bueno, ¿y qué comen?" a lo que ellos respondieron por medio de sus interpretes: no comemos tortilla, comemos pan, frijoles, arroz. Nada dulce, todo salado. De tal manera, el desayunador ha cambiado un poco su menú diario para que no se tirara la comida. Bolillos, teleras, carne y legumbres es lo que abunda ahora en las mesas de las instalaciones.
¿Cómo pasan su tiempo en el lugar?

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Todos son hombres de 25 a 35 años de edad. Reciben también a mujeres y niños pero acaban siendo enviadas al Instituto Madre Assunta, en la Colonia Postal. Algunos juegan dominó. Otros intentan contactar a sus seres queridos por teléfono. En la parte trasera de la edificación hay espacio para actividades deportivas como fútbol y baloncesto, además de un taller de elaboración de piñatas y objetos a base de cerámica.
En Madre Assunta las mujeres pasan el tiempo con sus hijos, charlando, y gran parte del día lo dedican a dar declaraciones a la prensa. Muy pocos hablan español. Aquel que lo habla de forma fluida se convierte en el blanco perfecto del reportero local, al quien le rinden declaraciones sin mucho entusiasmo dada su incertidumbre sobre el qué pasará mañana.

Una pequeña recibida junto con su madre en el Instituto Madre Asunta. Foto: Daniel Esparza / SanDiegoRed.com
Tuvimos la suerte de encontrar a un joven proveniente de Pakistán, su nombre casi impronunciable para este reportero hispanohablante. Tenía 26 años, era chef y había viajado por 15 países en un periodo de dos años. Hablaba un perfecto español. Tenía 6 días hospedado en el desayunador Salesiano.
Con un cigarrillo de por medio conversamos sobre su sueño de convertirse en un chef reconocido en Estados Unidos. Se mostró agradecido al buen trato de la gente que le ha ofrecido un techo y alimento y, pese a pertenecer a organizaciones cristianas o católicas, le han extendido la mano a un joven musulmán.

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Pidió permiso para retirarse, no sin antes comentar que disfrutaba todo tipo de la comida que se había encontrado en Tijuana.
-¿Te gustan los chilaquiles?
– Me encantan los chilaquiles.
Pactamos una entrevista para el día siguiente, pues sus tiempos no le permitían quedarse un momento más y conversar a profundidad.
La mañana del día siguiente, preguntamos por él y los encargados informaron que se había ido muy temprano. ¿La razón? Él y dos personas más habían sido aceptados en Estados Unidos y las autoridades migratorias vinieron por él.
Los centros de albergue y comedores cuentan entre sus paredes un sinfín de sueños e historias de éxito a punto de consumarse. Tijuana, en su lado oculto, no sólo funciona como punto de encuentro, sino como último escalón hacia los sueños de miles de personas que llegan con la frente en alto, siempre mirando hacia el norte. Pero, en el trayecto, se encuentran con la mano extendida de la Tía Juana, puntual y atenta para atender al que lo necesite.
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oscar.montoya@sandiegored.com