Uno de estos sucesos ocurrió en la provincia canadiense de Quebec, donde un cliente de una farmacia puso pastillas sueltas (las cuales se le cayeron a otro cliente) muy cerca del tazón de dulces y posteriormente un empleado las revolvió inconscientemente con el resto del triki triki. Estas píldoras eran de Quetiapina y Divalproex, un antipsicótico y un estabilizador del ánimo/antiepiléptico respectivamente.
Afortunadamente ningún niño las consumió (aunque según las autoridades los efectos secundarios de una ingesta no eran tan peligrosos), pero efectivamente las dosis empaquetadas en blísteres llegaron a las manos de unos cuantos. Al parecer todo el medicamento regresó al establecimiento, pero uno nunca sabe con los pequeños de hoy en día, ¿recuerdan la niña obsesionada con la cadena de farmacias CVS y su cumpleaños con dulces en botellas de prescripción?

Vía The Huffington Post
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