Cuando inició esta historia de terror, entre septiembre y octubre, los policías municipales detenidos confirmaron haber atacado a los estudiantes por orden de José Luis Abarca, ex-alcalde de Iguala. Además, confesaron haberlos dejado a disposición del crimen organizado.

Con base en esta declaración inicial, dos miembros de Guerreros Unidos admitieron la ejecución de 17 estudiantes, e incluso, ofrecieron la ubicación de las fosas donde supuestamente se escondían los restos. Al analizarlos, la presunta confesión perdió validez, pues ninguno de los restos correspondía al de los 43 estudiantes.
Tiempo después, el activista y padre católico Alejandro Solalinde denunció que "dos testigos" le confesaron las atrocidades que se realizaron en contra de los normalistas. Aseguró que algunos fueron quemados vivos, por ejemplo, y que contaba con la ubicación de nuevas fosas donde podrían encontrarse.

Las familias de los estudiantes reaccionaron con indignación, pidiendo que el párroco dejara de "meter las manos", y exigiendo que buscaran a sus hijos en calidad de vivos y no como muertos. Quizá los estudiantes no aparecían entre las fosas porque en realidad no estaban muertos, sugirieron.
Esta esperanza, más que teoría, se vio respaldada por una narcomanta que apareció colgada en una escuela preparatoria de Iguala, firmada por El Cabo Gil, lugarteniente de Sidronio Casarrubias Salgado.
El miembro de Guerreros Unidos exigía las cabezas de varios políticos de Guerrero y Morelos, asegurando que solo así podrían verdaderamente acabar con el crimen organizado. Si las autoridades detenían al menos un 80% de la estructura, "El Gil" se rendiría. Al final de la narcomanta, justo antes de firmar agregó: "Los estudiantes siguen vivos".

Hoy, dos integrantes de Guerreros Unidos, Osvaldo Ríos Sánchez "El Gordo" y su hermano Miguel Ángel, "El Pozol", retoman el discurso inicial y "confiesan" haber asesinado a los normalistas por ordenes de Ángel Casarrubias Salgado alias "El Mochomo".
Nuevamente, señalan el lugar donde supuestamente fueron enterrados: una fosa en Pueblo Viejo, entre Iguala y Cocula, según detalla un informe de la Procuraduria General de la República, obtenido por diario Reforma.
"Los 'policías bélicos' se refieren a los policías municipales de Iguala e incluso sabe dónde los mataron y dónde los enterraron a los estudiantes y que esto fue en inmediaciones de Pueblo Viejo, Guerrero y que el que dio la orden que mataran a todas estas personas fue Ángel Casarrubias Salgado, alias el Mochomo". indica el oficio seriado como PGR/AIC/PFM/UAIOR/DF/CHIMAL/1610/2014.

Pueblo Viejo ya ha sido escenario de varios hallazgos similares. Primero 28 cuerpos el 04 de octubre, luego ocho cadáveres más en cuatro fosas el 09 de octubre, siendo este último el caso que más preocupa, pues luego de haber pasado por su respectivo análisis pericial, las autoridades continúan sin revelar los resultados que desvelarían la identidad de dichos difuntos.
La falta de congruencia en las declaraciones de "Guerreros Unidos" han entorpecido la búsqueda más que ayudarla. No solo han sembrado el dolor en las familias de los normalistas, sino que lo cultivan. Lo avivan con cada promesa que resulta falsa al "confesar" la ubicación de sus hijos, vivos o muertos, a la vez que destapan el grado de impunidad en el que vivimos, donde cualquier puede matar y enterrarnos en fosas para nunca ser encontrados. Vivos entonces, ¿Hasta probar lo contrario?
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Elizabeth.rosales@sandiegored.com