"En carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente. Por eso, con toda humildad, les pido perdón", dijo.
La disculpa ocurrió ayer en el marco de la promulgación del Sistema Nacional Anticorrupción, y también ante la renuncia del secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade. La noticia llegó inmediatamente a todos los medios nacionales y a algunos internacionales como The New York Times o El País.
"Peña Nieto pide una disculpa a los mexicanos", "La disculpa del Presidente", "EPN pide perdón por Casa Blanca", fueron algunos títulos que manejaron diversos diarios. Como era de esperarse, usuarios en redes sociales, incluyendo a líderes de opinión en México, no perdieron la oportunidad de opinar sobre el tema y compartieron vía Twitter distintos mensajes.



La "disculpa del Presidente" dio mucho de qué hablar y varios expertos escribieron sobre el acto en diversos medios nacionales.
El historiador y académico Lorenzo Meyer, señaló en entrevista con Aristegui Noticias que los antecedentes de que un presidente pida perdón "son muy pocos" y que esa disculpa "es una manera interesante de zafarse del problema central. El problema central es la corrupción".
El politólogo Enrique Tousseint opinó que el perdón no es un acto que ponga fin a un episodio, sino que abre un proceso de reconciliación: "El perdón por sí solo, no dice nada, tiene que ir acompañado de distintas medidas para corregir una conducta que calificas como error. Si no hay esas acciones, lo que está haciendo el Presidente es un acto mediático".
Marco Arellano Toledo, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), declaró que el "pedir perdón" fue una simulación con fines de aprobación política.
José Cárdenas en su columna para El Universal escribió que "Peña Nieto jura haber sentido en carne propia la irritación de los mexicanos por la Casa Blanca, pero nada hizo en todo este tiempo para aplacarla".
El periodista recalca que la disculpa llegó demasiado tarde, 20 meses con nueve días, tiempo suficiente para demoler el prestigio y manchar la reputación del Presidente.
Con información de Aristegui Noticias, Sin Embargo y El Universal.
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