OPINIÓN | La memoria no prescribe: Bonilla, Morena y la ausencia de ética

OPINIÓN | La memoria no prescribe: Bonilla, Morena y la ausencia de ética

Porque la verdad es esta: lo que hoy estalla en tribunales comenzó mucho antes. Comenzó cuando se decidió que la legalidad era un estorbo, que la militancia era un trámite y que la voluntad de un solo hombre valía más que los principios de un movimiento entero.

Por Arq Jaime Martínez Veloz el marzo 24, 2026

La historia que se quiso silenciar regresa hoy con la fuerza de los hechos.

Por Jaime Martínez Veloz

Hay momentos en que la política deja de ser un juego de discursos y se convierte en un espejo. Un espejo incómodo, implacable, que devuelve la imagen de lo que se hizo, de lo que se permitió y de lo que se calló. Hoy, con la vinculación a proceso de Jaime Bonilla por el caso Next Energy, Baja California se mira en ese espejo. Y lo que aparece no es nuevo: es lo mismo que algunos advertimos desde 2019, cuando la ética se sacrificó en nombre de la conveniencia.

Porque la verdad es esta: lo que hoy estalla en tribunales comenzó mucho antes. Comenzó cuando se decidió que la legalidad era un estorbo, que la militancia era un trámite y que la voluntad de un solo hombre valía más que los principios de un movimiento entero. Comenzó cuando se impuso una candidatura con una encuesta que jamás apareció, con un proceso interno manipulado y con un aparato estatal operando como si la democracia fuera un obstáculo.

En 2019 presenté una queja ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia. No para ganar una candidatura, sino para defender un principio. La CNHJ me dio la razón: ahí quedó escrito que se violaron los principios de certeza, legalidad, objetividad e imparcialidad. Ahí quedó asentado que la cadena de custodia de la supuesta encuesta fue violada. Ahí quedó documentado que la autoridad responsable actuó fuera de sus facultades. Todo eso está en el expediente, con sello y firma.

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Pero mientras la Comisión resolvía con argumentos, desde la dirigencia nacional se respondía con insultos. Se habló de “sabandijas”, de “traidores”, de infiltrados. Se usó el poder para aplastar la crítica, no para corregir el rumbo. Se cerraron filas, no alrededor de la verdad, sino alrededor de una imposición. Y quienes hoy se sorprenden de lo que ocurre deberían recordar que fueron ellos quienes aplaudieron, justificaron y blindaron ese estilo de ejercer el poder.

La vinculación a proceso de Jaime Bonilla por peculado, abuso de autoridad y uso ilícito de atribuciones no es un accidente. Es la consecuencia natural de haber confundido el poder con impunidad. El contrato con Next Energy —sin licitación, sin sustento técnico, sin viabilidad jurídica— no fue un error administrativo: fue una forma de gobernar. Una forma que hoy tiene consecuencias judiciales, financieras y sociales para Baja California.

Y como si la incongruencia necesitara un capítulo adicional, el 25 de marzo del año pasado Jaime Bonilla Valdez se reafilió al Partido Republicano de Donald Trump, justo cuando Morena sostenía una disputa política abierta con ese liderazgo en el ámbito binacional. Ese acto no solo exhibe una contradicción personal: exhibe la falta de criterio político de quienes lo impulsaron, lo defendieron y lo protegieron, incluyendo al propio expresidente Andrés Manuel López Obrador. La congruencia no puede ser opcional. O se tiene, o no se tiene.

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La crisis de violencia e inseguridad que hoy vive Baja California tampoco es ajena a esta historia. La gobernabilidad no se construye con imposiciones, ni con encuestas fantasma, ni con decisiones tomadas desde la soberbia. Se construye con legalidad, con ética y con responsabilidad. Cuando esos pilares se abandonan, el deterioro social no tarda en aparecer. Y hoy lo estamos viviendo.

No escribo esto desde la revancha. La revancha es para quienes necesitan justificar su pasado. Yo escribo desde la coherencia. Desde la misma convicción que tuve en 2019, cuando dije: “Si Bonilla va como gobernador, yo no le entro”. No era una frase contra una persona, sino contra un método. Contra una forma de ejercer el poder que tarde o temprano iba a pasar factura.

Esa factura llegó. Y no la está pagando un individuo: la está pagando Baja California.

La ética no es un adorno. No es un discurso. No es una pose. Es una línea que se sostiene incluso cuando cuesta, incluso cuando incomoda, incluso cuando se está solo.

En 2019 tomé esa línea.
Y la sostengo hoy, porque la historia —por más que se intente silenciar— siempre vuelve.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no representan ni parcial ni totalmente la opinión de SanDiegoRed.

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