Por Dalva Garza
Por ahí leí que el exfutbolista, Jorge Valdano decía que el fútbol “es lo más importante de lo menos importante”. Y eso me hizo pensar en las dos realidades de México.
Un país abandonado por gobiernos corruptos, con políticos que siempre parecen querer más a costa del pueblo.
Mientras 22 hombres corren detrás de un balón dentro de un estadio, afuera hay madres, padres y miles de familias pidiendo ayuda para encontrar a sus seres queridos desaparecidos.
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Hay madres que las dejan solas en una búsqueda que ni siquiera deberían realizar. Hay protestas de maestros e integrantes de la CNTE. Hay campesinos que desde hace tiempo habían advertido que realizarían acciones de protesta durante la inauguración del Mundial.
Hay violencia, tristeza, desesperación y luchas interminables. Pero, al mismo tiempo, también hay calles pintadas de verde, niños emocionados, aficionados y familias enteras felices porque México es la casa que le dio la bienvenida al Mundial.

Algunos gritamos gol con una pasión imposible de ocultar, porque, como decía mi profesor de Sociología de la Religión, los mexicanos siempre necesitamos tener fe en algo o en alguien.
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Pienso que el fútbol nos recuerda —o al menos me recuerda— que necesitamos símbolos, música e historias que nos unan.
Estas dos realidades conviven hoy en el mismo país.
Quise llorar cuando me enteré de que Raúl Jiménez le dedicó su gol a su padre, quien falleció en marzo.
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Me llené de orgullo cuando entró Gilberto Mora, el joven de 17 años que días atrás compartió una fotografía de cuando era niño vistiendo el uniforme de la Selección Mexicana.
Sí, también el fútbol puede ser frivolidad, ego y poder; eso no está en discusión. Pero quizá, al final de todo, el fútbol sobrevive a las crisis que enfrentamos como mexicanos y como aficionados.
Entonces, en medio de tanta lucha y tristeza, por un momento, en algunos lugares del país, se sintió la felicidad y el orgullo.
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Y quizá eso también dice algo de nosotros: incluso en los tiempos más difíciles, seguimos encontrando motivos para creer, celebrar y soñar.