Opinión | Ruffo: símbolo de la “justicia selectiva”

Opinión | Ruffo: símbolo de la “justicia selectiva”

En Baja California, donde el viento arrastra historias que nunca terminan de apagarse, sabemos que cuando el poder empieza a humillar a un opositor, es porque ya decidió que la fuerza vale más que la verdad.

Por Arq Jaime Martínez Veloz el 18 de julio del 2026 a las 12:24 pm PDT

Ayer, sin previo aviso y sin pudor, vimos cómo se llevaban detenido al ex gobernador Ernesto Ruffo Appel. No hubo contexto, no hubo explicación, sólo la escena: hombres armados, cámaras encendidas, y el viejo ritual del poder cuando quiere demostrar que todavía sabe morder.

Dicen que fue por huachicol fiscal. Dicen muchas cosas. Pero en Baja California sabemos que cuando el gobierno “dice”, en realidad está escondiendo algo detrás de la palabra.

Yo no sé por qué lo detuvieron. Y en estas tierras, donde la frontera es más una herida que una línea, el no saber es ya una forma de sospecha.

Ruffo y yo hemos tenido diferencias públicas, abiertas, conocidas. No somos aliados ni compañeros de camino. Pero lo que le hicieron ayer no se le hace a nadie. No a un adversario, no a un opositor, no a un ciudadano. Ese trato majadero, denigrante, irresponsable, no es justicia: es escarmiento. Es la vieja escuela del poder que humilla primero y pregunta después. Es la autoridad convertida en espectáculo, como si la dignidad fuera un objeto que se puede arrojar al suelo para que todos lo vean romperse.

Y lo más grave no es la detención. Lo más grave es el momento y el destinatario. Porque este acto ocurre justo contra un opositor del partido gobernante, ese partido que carga sobre sus hombros una colección de escándalos, omisiones y delitos que no necesitan archivo: los conoce toda la población, los murmura la burocracia, los padecen los ciudadanos.

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A los suyos no los tratan así. A los suyos les dan tiempo para acomodar la narrativa, les abren la puerta trasera, les permiten elegir el ángulo de la cámara. A los suyos les limpian el expediente con la misma rapidez con la que ensucian el de los otros.

Por eso lo de ayer no es un hecho aislado. Es un mensaje. Es el poder diciendo: “a los míos los protejo, a los otros los exhibo”. Es la ley usada como garrote, no como regla. Es la advertencia de que la justicia, en manos de quienes hoy gobiernan, dejó de ser un piso parejo y se volvió un arma selectiva.

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Y en Baja California, donde el viento arrastra historias que nunca terminan de apagarse, sabemos que cuando el poder empieza a humillar a un opositor, es porque ya decidió que la fuerza vale más que la verdad.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no representan ni parcial ni totalmente la opinión de SanDiegoRed.

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