El mundo de los tímidos suele construirse desde la escucha. Antes que hablar, observan. Antes que explicarse, permiten que otros tomen la voz. Bajo esa lógica se articula “Molusco” (México, 2025), el documental de Mauricio Bidault sobre el caricaturista José Ignacio Solórzano, Jis. Una película que parte de una paradoja. El retrato de un autor que se revela, sobre todo, a través de quienes lo rodean.
La cinta opera como una celebración colectiva. Algo cercano a una fiesta de cumpleaños donde el homenajeado habla poco, mientras amigos, colegas y familiares reconstruyen su figura desde la memoria y el afecto. Aparecen voces como Guillermo del Toro, Diego Luna, Daniel Giménez Cacho, los hermanos Rangel de Café Tacvba y, de forma central, Trino, su compañero de ruta en proyectos como El Santos. La suma de testimonios no sólo perfila al monero, también da cuenta del vínculo emocional que su obra ha tejido a lo largo de décadas.
Esa dimensión se hizo evidente durante su proyección en el San Diego Latin Film Festival (SDLFF), donde Bidault y el propio Jis acompañaron la función. El documental encontró ahí un público que, en muchos casos, ya conocía al caricaturista. Una recepción que, de alguna manera, confirma lo que la propia película sugiere. “Molusco” se experimenta distinto cuando se llega con referencias previas.
El origen del proyecto ayuda a entender esa forma. Bidault explicó que la película se fue armando como una conversación prolongada en el tiempo. Un proceso que inició desde lo conceptual años antes de filmar y que se extendió durante casi una década. Las primeras entrevistas ocurrieron en 2019 con apoyos iniciales, y fue hasta 2021 cuando un nuevo financiamiento permitió consolidar la producción. El rodaje y la postproducción avanzaron por etapas, atravesadas por la pandemia y por condiciones que desbordaban lo estrictamente cinematográfico.
En ese trayecto, la película se construyó como una acumulación orgánica de voces. El propio director reconoció que muchas puertas se abrieron por la relación afectiva que distintas figuras mantienen con Jis. No se trató sólo de gestionar agendas complejas, sino de convocar a quienes ya tenían una conexión previa con su obra. En algunos casos, incluso, los participantes buscaron integrarse al proyecto.

El resultado es un documental coral que privilegia las entrevistas en primer plano, en espacios íntimos y con una estética contenida. Un recurso que el propio Bidault describe como “comercial coñaquero”. Ahí, los interlocutores no sólo analizan la obra del caricaturista, también la vinculan con experiencias personales y con una forma particular de entender el humor en México.
Esa elección formal tiene consecuencias. La insistencia en este dispositivo puede resultar exigente para quien espere una aproximación más directa al proceso creativo de Jis. La película ofrece pocos momentos de observación del trabajo en sí mismo, del trazo en ejecución. En cambio, apuesta por rodear al personaje, construirlo desde afuera.
Sin embargo, esa distancia también es coherente con su protagonista. El propio título remite a esa condición. Jis se nombra a sí mismo como “molusco”, alguien que prefiere la concha a la exposición. La película respeta esa lógica. Incluso en los momentos donde aparece en su vida cotidiana, lo hace sin romper del todo esa barrera. Se muestra, pero nunca se entrega por completo.
Intimidades y atmósferas
Entre los pasajes más reveladores están aquellos donde la intimidad se filtra con humor incómodo. Testimonios familiares que abordan episodios personales, recuerdos que oscilan entre lo entrañable y lo perturbador, y que refuerzan la idea de un personaje complejo, contradictorio, difícil de fijar en una sola imagen.
Escuchar a Diana Solorzano, hermana de Jis, hablar desde cosas tan intimas como el plan para que él perdiera su virginidad, o sobre su interés por el sexo desde pequeño, son parte de los momentos incómodamente divertidos de “Molusco”. Pero especialmente el testimonio de quien entonces era su esposa, Kenia.
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La música original, compuesta por el cuarteto David Chanson, acompaña ese movimiento. Sus piezas dialogan con el universo de Jis, transitando entre lo frenético y lo introspectivo, con una libertad cercana al free jazz, pero con un tono lúdico que evita el exceso de solemnidad.

Para Bidault, el objetivo nunca fue construir un retrato biográfico tradicional. La intención, explicó, era acercarse a una forma de ver el mundo. El humor como herramienta, la creación como vía de exploración, la posibilidad de mirar la realidad desde ángulos menos evidentes en un contexto que describe como adverso.
Tras su paso por festivales, “Molusco” se encamina hacia una nueva etapa. La intención es llevarlo a salas comerciales y, posteriormente, a otros espacios de exhibición, incluyendo plataformas. Su recorrido ha sido prolongado, fragmentado, pero también consistente con su propia naturaleza.
Al final, la película no busca descifrar a Jis. Prefiere rodearlo. Escucharlo en boca de otros. Como en esas reuniones donde alguien es el centro sin necesidad de ocupar la palabra. Donde lo que permanece no es la voz del protagonista, sino el eco que deja en los demás.
