La nueva película de Netflix México 86, protagonizada por Diego Luna, llegó en plena fiebre mundialista. Y lo hizo con la promesa de contar cómo México consiguió, contra todos los pronósticos, organizar la Copa del Mundo de 1986.
Sin embargo, detrás del personaje ficticio de Martín de la Torre, protagonista de la serie, hay una historia mucho más compleja. Ese personaje no existió. Es una creación inspirada, entre otros, en Rafael del Castillo Ruiz, expresidente de la Federación Mexicana de Futbol y figura clave en la obtención de la sede.
En entrevista exclusiva con San Diego Red, su familia compartió una visión distinta: más cercana, más humana y, sobre todo, más fiel a quien realmente fue.
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Martín de la Torre no existió, Rafael del Castillo sí
En la película, Diego Luna interpreta a un supuesto dirigente ambicioso que se adjudica el logro de traer el Mundial a México.
Pero en la vida real, Rafael del Castillo no era un personaje salido de una televisora ni un perfil caricaturizado. Era abogado, doctor en Derecho por la UNAM y un dirigente que enfrentó uno de los retos más complejos en la historia del futbol mexicano.
De acuerdo con su hijo, Rafael del Castillo, la búsqueda de la sede comenzó en un momento crítico: tras una devaluación y con un gobierno sin recursos suficientes. Fue entonces cuando, a petición del entonces presidente José López Portillo, se exploró una posibilidad que parecía imposible.
El Mundial que parecía imposible
Entrando en contexto, es importante resaltar que la oportunidad surgió cuando Colombia renunció a organizar el torneo. México entró a la contienda frente a potencias como Estados Unidos y Canadá.
Sin dinero ni tiempo a su favor, la candidatura mexicana avanzó gracias a una red de figuras clave. Según la familia Del Castillo, nombres como Emilio Azcárraga Milmo y Guillermo Cañedo fueron fundamentales para sostener el proyecto.
Sin embargo, más allá de los nombres, hubo estrategia, presión internacional, recorridos por estadios y una carrera contrarreloj para convencer a la FIFA.


Convencer al mundo y a la FIFA
Uno de los momentos clave fue la visita de Hermann Neuberger, presidente de la Comisión Revisora de Estadios de FIFA.
Según el relato familiar, fue llevado en helicóptero al Estadio Neza, donde encontró un inmueble lleno y una afición que entonaba el “Himno a la Alegría”.
Ese tipo de escenas, que en la película se presentan con exageración, en la realidad fueron resultado de planeación, capacidad de negociación y lectura política.
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La votación que definió la historia
La sede se definió en Estocolmo. Estados Unidos llegaba como favorito, con el respaldo de figuras como Pelé y Henry Kissinger.
Sin embargo, la comitiva mexicana logró posicionarse. El discurso de Rafael del Castillo fue breve, directo: México cumplía, México estaba listo. Estados Unidos no llegó a tiempo a la votación y México ganó la sede. No fue una victoria deportiva, sino política, técnica y estratégica.
El terremoto que lo cambió todo
El 19 de septiembre de 1985, un terremoto sacudió al país y puso en duda la realización del Mundial. En ese contexto, Rafael del Castillo no solo defendió la sede, también actuó.
Su hijo recordó que, tras enterarse de la tragedia, incluso utilizó recursos propios para apoyar centros de acopio y ayuda a la población, en un momento donde las comunicaciones estaban colapsadas.
“Pidió que incluso sacara dinero de su cuenta para comprar cosas, y si nos llevamos al centro de apoyo de la Universidad de Anáhuac, que hicieron un centro de acopio ahí, y ahí entregamos varias cosas”
Rafael pensó en un Mundial pensado para la gente
Otro de los aspectos que destacó su familia fue la visión social del torneo.
“Se cuidaron mucho los precios de los boletos… la idea era que el Mundial llegara a todos, no solo a unos cuantos”, explicó su hijo.
Esa visión se reflejó en la elección de múltiples sedes como Puebla, León, Querétaro, Irapuato, Guadalajara y Monterrey, buscando que el torneo fuera verdaderamente nacional.
La familia responde: “no es la realidad”
A. del Castillo, nieta del exdirigente, fue clara sobre la película. Explicó que decidió no verla al considerar que, aunque inició como ficción, posteriormente se hicieron declaraciones públicas que presentaban esa versión como si fuera real.
“Es muy triste ver cómo se dramatiza quién era… nosotros sabemos cuál es su verdadera imagen”, señaló.
También defendió su legado personal:
“Fue una persona con valores, respetuosa, amorosa, profundamente comprometida con su familia. Nunca fue alguien que actuara de forma deshonesta”.
Incluso, aseguró que tras investigaciones posteriores, se deslindaron responsabilidades en documentos oficiales, lo que contrasta con la narrativa que hoy circula.
Rafael del Castillo: más allá de la ficción
La película México 86 puede ser entretenida, provocadora o incluso polémica. Pero, de acuerdo a las personas más cercanas a él, no es un retrato fiel.
La historia real habla de un dirigente que, en medio de crisis, presión internacional y tragedia nacional, sostuvo un proyecto que terminó por convertirse en uno de los Mundiales más recordados.
Rafael del Castillo no fue un personaje de ficción. Fue un protagonista real que ayudó a cambiar la historia del futbol en México.
Y para quienes lo conocieron, su legado va mucho más allá de lo que cualquier película pueda contar.