La accesibilidad se ha convertido como uno de los factores más importantes para el desarrollo del sector turístico, al abrir la puerta a millones de personas que hoy representan un mercado con gran potencial.
De acuerdo con la Secretaría de Turismo de México, en el país viven alrededor de 9.5 millones de personas con alguna discapacidad, además de casi 18 millones de adultos mayores, sectores que demandan servicios adaptados y experiencias accesibles.
A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud estima que más de 1,300 millones de personas, es decir, cerca del 16% de la población mundial, viven con alguna discapacidad, lo que refuerza la necesidad de que los destinos turísticos evolucionen hacia modelos más incluyentes.
El presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Ensenada y de Proturismo, Andrés Martínez Bremer, afirmó que el crecimiento del sector turístico enfrenta limitaciones estructurales al no garantizar condiciones de accesibilidad integral para personas con discapacidad.
Indicó que la inclusión en el turismo no puede limitarse a la apertura de espacios, sino que debe medirse en función de la capacidad real de los destinos para asegurar participación con autonomía, seguridad y condiciones operativas completas.
De acuerdo a la secrertaría federal de turismo, en el país existen más de 9.5 millones de personas con discapacidad, lo que representa un segmento con necesidades específicas en movilidad, comunicación y acceso a servicios, incluyendo la actividad turística.
A nivel internacional, la Organización Mundial del Turismo ha señalado que el turismo accesible representa un mercado en expansión, vinculado no solo a personas con discapacidad, sino también a adultos mayores y población con movilidad reducida temporal.
Martínez Bremer señaló que, en la práctica, muchos espacios turísticos mantienen barreras físicas, operativas y de comunicación que limitan el acceso efectivo a servicios, pese a discursos institucionales que plantean apertura generalizada.
Explicó que la accesibilidad no se reduce a intervenciones aisladas, sino que implica rediseño de procesos completos, desde la planeación del viaje hasta la experiencia en destino, incluyendo transporte, hospedaje, alimentos, actividades y atención al visitante.
Refirió que la diferencia entre asistencia y accesibilidad es determinante, ya que la primera responde a situaciones específicas, mientras que la segunda establece condiciones permanentes dentro de la infraestructura y la operación.
En ese contexto, mencionó la integración de una Ruta de Turismo Sensorial en Ensenada, como un modelo que busca incorporar criterios de accesibilidad en toda la cadena de valor turística, incluyendo naturaleza, gastronomía, hospedaje y experiencias.
Datos de la Organización Mundial de la Salud establecen que la discapacidad está relacionada con el envejecimiento poblacional, lo que incrementará la demanda de servicios accesibles en las próximas décadas.
El dirigente empresarial señaló que la falta de accesibilidad impacta directamente en la competitividad de los destinos, al limitar el alcance de mercado y reducir la posibilidad de captar segmentos que requieren condiciones específicas.
Indicó que la accesibilidad también influye en la calidad del servicio, al obligar a las empresas a mejorar procesos, capacitación del personal y diseño de espacios.
Expuso que la inclusión debe integrarse en políticas, presupuestos, infraestructura, comunicación y cultura organizacional, y no depender de acciones individuales o respuestas improvisadas.
Martínez Bremer señaló que el entorno construido es uno de los principales factores de exclusión, al referir que elementos como escaleras, señalización limitada o plataformas digitales no adaptadas restringen la participación de ciertos grupos.
Agregó que el turismo incluyente no solo responde a una demanda social, sino que representa una oportunidad de desarrollo económico al ampliar el universo de visitantes potenciales.
Finalmente, indicó que el reto del sector es transitar de una lógica de apertura declarativa a un modelo basado en condiciones verificables de acceso, donde la experiencia turística pueda ser utilizada por cualquier persona sin depender de asistencia externa.