
La cancha, con la mitad de la portería y el tablero caídos, es un ejemplo de lo que pudo ser un accidente. Los vecinos deciden acomodarla en un espacio donde no presente peligro para los niños y jóvenes que diariamente juegan ahí, en el único espacio que tienen para el desarrollo de su vinculación social y encuentro con otros niños y niñas de la comunidad. Veloz comenta que es desgarrador ver cómo cosas tan sencillas son postergadas por el Estado, quien tiene la obligación de proveer al ciudadano de espacios de recreación y juego, y no solamente eso: sino lugares que estén protegidos de la inseguridad. Por lo que en un ejercicio de organización comunitaria, un gran amigo del candidato —herrero de profesión— le tendió la mano en la labor de restaurar la cancha en la medida de sus posibilidades.

Veloz insiste en que solamente organizándonos podemos hacer que las cosas valgan, perduren y se mantengan en sanas condiciones, pues construir juntos los programas, espacios, leyes e iniciativas que queremos es un reflejo del acuerdo de distintos actores de la sociedad, que producto de una comunión se sientan a dialogar sobre la problemática, la necesidad y los objetivos que benefician tanto a unos como a otros. Es necesario que se implementen este tipo de acciones, porque resuelven y ofrecen la solución desde el seno de la sociedad: el ciudadano de a pie, el civil, el que no es gobernado sino que tiene en su palma el poder de gobernar, el Poder Ciudadano.

Baja California necesita legisladores que puedan describirse en los hechos, no en las palabras, los discursos de campaña pronto se quedan en el olvido, pero las acciones efectivas y comunitarias duran por muchísimo tiempo, se quedan en la gente y pronto producen una mayor organización, una ruta crítica de hechos que elaborados de la mano con Estado-sociedad se pueden traducir en bienestar, solidaridad y combate real del conflicto.
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