Internet se ha unido para lamentar la pérdida de dos canes muy especiales para México, nos referimos a “El Wero” y “Tomasa”, quienes formaban parte de los perritos “Guardianes de Chichén Itzá”, zona arqueológica localizada en Mérida, Yucatán.
La noticia fue compartida por el custodio del área, José Antonio Keb Cetina, quien habló sobre la llegada de ambos animalitos poco antes de que iniciara la pandemia de covid-19. De acuerdo con Keb, Wero era un perro muy tranquilo, tanto que era rara la vez que ladraba.
La historia de Wero y Tomasa
“Lo conocí en 2019, se acercaba poco en esos tiempos y no fue sino hasta que llegó la pandemia que se hizo un buen compañero y amigo”, declaró el cuidador.
Pese a llegar enfermo de un tumor en su entrepierna, comenzó a ser tratado por veterinarios locales que iban a la zona ocasionalmente, sin embargo, al llegar el coronavirus, volvieron los tiempos de confinamiento y los doctores no regresaron.
Con el paso de los días, más perros se unieron a esta pequeña manada, pero el wero era el líder, junto con otra perrita llamada ‘Cachimba’. Así pasaron los días, hasta que el sitio abrió nuevamente al público, pero el estado de salud de Wero no era el mejor.
En cambio, Tomasita era más solitaria, se unía pocas veces con los demás perros, pero siempre era muy puntual para desayunar y cenar. También disfrutaba de subir a los templos, así como sus demás compañeros.
“De ella muy poco puedo contar, convivimos poco tiempo y era un tanto reservada pero muy buena compañera y amiga. Hoy, 6 años después, en mis andanzas como aquellos tiempos cuando los frutos del ciricote colgaba de la mata donde murciélagos, ardillas y aves se daban un banquetazo, cuando la manada incluía a WERO Y TOMASITA”.

Keb cuenta que fue durante una de las revisiones acostumbradas cuando el Wero lo acompañó hasta el templo superior de KUKULKAN, el perro se acostó un momento y quedó quieto, mirando el horizonte. Al terminar, pese a llamarlo para bajar, en can se quedó ahí.
“No quiso, solo me lanzó esa mirada profunda, se quedó ahí quieto, tranquilo y nuevamente volteó a lo profundo del horizonte. Me bajé mientras mi mente quería ignorar ese mal presagio”.
Fue a la mañana siguiente cuando regresó para alimentarlos que notó la ausencia de Wero y Tomasa, por lo que se dedicó a averiguar si alguien los había visto, sin embargo, fue hasta el día siguiente que le informaron que a ambos perros los había tenido que dormir por complicaciones de salud.
“Quedé mudo, helado, no podía entender ese momento hasta que me preguntaron -¿estas bien?- solo me limité a mover la cabeza y me retiré”.
Al llegar a casa, José señaló que su familia ya intuía lo que le pasaba y fue ahí donde finalmente rompió en llanto. Aún con la pérdida de Wero y Tomasa, aseguró que atesorará los hermosos recuerdos de esas jornadas en las lo acompañaron, finalizando con la expresión maya ¡NI’IB ÓOLAL KUXTAL!, que celebra la gratitud y la vida.
“¡Hoy la manada sigue, ahí están siempre, espiritualmente o físicamente, acompañándome, en esas caminatas, siempre se arriesgaran ellos primero; hoy hay otros integrantes pero parece que la misión es la misma!”.