El presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) propuso recientemente la creación de la empresa “”FIFA Forward Enterprise” con el propósito de vender hasta un 30% de los derechos comerciales de la Copa del Mundo a inversores privados por 20 mil millones de dólares.
Detrás de esta multimillonaria operación financiera se encuentra Thrive Eternal (filial de Thrive Capital), un fondo de inversión permanente liderado por Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump. Señalan que su objetivo no es solamente la compra temporal, sino quedarse con un porcentaje de las ganancias del Mundial para siempre.
Asimismo, con el fin de estructurar este negocio multimillonario y convencer al mercado de su rentabilidad, la FIFA también incluyó al banco JPMorgan Chase, como su asesor financiero principal. Infantino también ofreció a las federaciones nacionales un aumento de 3 a 86 millones de dólares en ingresos para asegurar el respaldo del proyecto.

Indignación global
El plan desató una rebelión global sin precedentes, que tiene a la FIFA en el blanco de las críticas. Las 55 selecciones que conforman la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (UEFA) emitieron un anuncio formal en donde advirtieron que no jugarán el Mundial 2030 en caso de que el plan avance.
Por su parte, la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (CONCACAF), emitió su postura, señalando que Infantino no tienen su confianza. Además, líderes de los torneos europeos tales como Javier Tebas, se unieron para exigir la renuncia inmediata de Infantino por “destruir la industria”.
Los futbolistas también denunciaron su descontento, y a través del sindicato FIFPRO, advirtieron que los inversionistas podrían exigir el aumento en los partidos, llegando a modificar la frecuencia del torneo mundialista a cada dos años.

Consecuencias para el aficionado común
Entre las consecuencias que la privatización del Mundial podría traer consigo, afectando directamente a los seguidores de este deporte, sería la mudanza de la transmisión de los partidos a plataformas de pago por evento o aplicaciones exclusivas de mayor precio.
Los boletos para disfrutar de los juegos en vivo subirían drásticamente de precio, excluyendo al fanático tradicional, mientras que la elección de las sedes para la realización del magno evento futbolístico se basarían en el mejor postor, es decir, estrictamente por dinero, sin importar el historial deportivo.