Si ves dinosaurios en pantalla, es inevitable pensar en Jurassic Park. Pero la nueva película de Warner Bros. Pictures toma un camino muy distinto. Dirigida por David Robert Mitchell y con un elenco encabezado por Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella y Christian Convery, esta cinta mezcla ciencia ficción, misterio y humor para meter a una típica familia de los 80 en un problema tan absurdo como peligroso: su vecindario completo practicamente se transporta al pasado y reaparece en medio de una selva jurásica.
La película que llega a las salas este 13 de agosto.

Una calle de los 80 varada en la prehistoria
La historia sigue a Denise y Greg Platt (Hathaway y McGregor), un matrimonio de clase media que vive con sus dos hijos en un suburbio estadounidense de principios de los ochenta. Todo transcurre sin problemas hasta que aparecen unas luces extrañas que iluminan el cielo. Tras un apagón repentino, la familia despierta y descubre la realidad: la calle Oak ya no está en su sitio. Ahora, las casas están rodeadas por vegetación gigante y criaturas que ya estaban extintas.
Más allá de los efectos especiales, la película aprovecha el caos para hablar de algo más profundo: el colapso de una familia que ya venía rota. Antes del viaje en el tiempo, Greg acaba de perder su empleo y lo oculta por vergüenza, mientras Denise fantasea con escapar de su rutina. Al verse arrastrados a su nueva realidad, la película también rompe la fachada familiar, obligándolos a resolver sus problemas personales mientras intentan que no se los coman.

Una premisa absurda que no se toma demasiado en serio
Aquí no esperes una explicación cientifica sobre qué está sucediendo, la trama justifica el viaje explicando que existen unas tipo “burbujas” temporales que permiten transportarse a distintas épocas. Es una idea descabellada y la película lo sabe.
Eso sí, lo que inicia como una anécdota curiosa se vuelve bastante oscuro. Conforme los vecinos entienden la gravedad de la situación, la tensión sube, las situaciones se vuelven intensas.
El gran acierto de la cinta es la química entre Anne Hathaway y Ewan McGregor. Logran que los problemas de la pareja se sientan reales y con peso, sosteniendo el corazón de la historia. Por su parte, los hijos cumplen su rol en la aventura, aunque por momentos sus actitudes adolescentes rozan lo desesperante.


¿Vale la pena ir al cine a verla?
Totalmente, siempre y cuando busques pasar un buen rato. “El final de la calle Oak” no intenta reinventar el cine de ciencia ficción ni destronar a los clásicos de los noventa. Su mérito está en abrazar su propia rareza: es una aventura ochentera, tensa y por momentos disparatada, con el ritmo suficiente para mantenerte pegado al asiento.
Si buscas respuestas científicas minuciosas, te vas a quedar con ganas de más. Pero si vas al cine por el espectáculo, el suspenso y la pura diversión de ver un suburbio rodeado de depredadores, vas a salir más que satisfecho.
Dale un vistazo al trailer aquí.