Opinión | La política migratoria más humana comienza con un hogar

Opinión | La política migratoria más humana comienza con un hogar

Por qué la vivienda asequible en México debe entenderse como infraestructura social y como una prioridad para América del Norte

Por Federico Carlos Cerdas Ortiz el 11 de septiembre del 2026 a las 8:13 pm PDT

Durante décadas, el debate migratorio en Estados Unidos se ha concentrado principalmente en lo que sucede en la frontera. Sin embargo, para cuando una familia llega hasta ella, las decisiones más importantes suelen haberse tomado mucho tiempo atrás.

Esas decisiones comienzan en comunidades donde construir una vida estable puede parecer cada vez más difícil. El empleo importa. La seguridad pública importa. La educación y los servicios de salud importan. Pero todos esos elementos convergen en un mismo espacio físico: el hogar.

Si queremos que menos familias mexicanas se sientan obligadas a abandonar sus comunidades en busca de estabilidad en otro lugar, debemos hacer posible que construyan un futuro digno en su propio país. La vivienda asequible no es la única respuesta a la migración, pero sí constituye uno de los fundamentos más prácticos y menos valorados de cualquier solución seria.

El desafío habitacional de México es enorme. De acuerdo con la Comisión Nacional de Vivienda, en 2024 existían 8.38 millones de viviendas en condición de rezago habitacional, equivalentes al 21.9 por ciento del parque habitacional del país. En ellas vivían aproximadamente 30.45 millones de personas. La definición oficial incluye viviendas construidas con materiales precarios o deteriorados, hogares sin excusado y familias que viven en condiciones de hacinamiento.

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Estas cifras no deben confundirse con una necesidad inmediata de construir 8.38 millones de viviendas nuevas. Una parte importante del problema puede y debe atenderse mediante el mejoramiento y la ampliación de viviendas, el acceso a servicios básicos, la regularización de la propiedad y mejores mecanismos de financiamiento. Sin embargo, la dimensión del reto es indiscutible: casi una de cada cuatro personas en México habita en condiciones inadecuadas de vivienda.

Este no es solamente un problema inmobiliario. Es una cuestión de estabilidad familiar, movilidad económica y, en última instancia, de que las personas crean que pueden construir un futuro en el lugar al que pertenecen.

El hogar es la plataforma para todo lo demás

La conocida jerarquía de necesidades de Abraham Maslow ayuda a explicar por qué la vivienda desempeña un papel tan poderoso. El refugio responde primero a nuestras necesidades fisiológicas más básicas y después a la necesidad de seguridad: contar con un lugar estable para dormir, proteger a los hijos, resguardar el patrimonio y planear más allá del día siguiente.

Una vez que existe esa base, una familia puede avanzar hacia los siguientes niveles de bienestar con mayor confianza. Los niños pueden permanecer en la escuela. Los padres pueden conservar un empleo estable. Las familias pueden establecer relaciones duraderas con sus vecinos, maestros e instituciones locales. Un hogar puede ahorrar, acceder a financiamiento, iniciar un pequeño negocio y construir un patrimonio que pueda transmitirse a la siguiente generación.

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Por ello, una vivienda es mucho más que cuatro paredes. Es el centro de la familia y el punto desde el cual las personas se relacionan con el resto de la sociedad.

Pero la ubicación determina si esa promesa es real. Una vivienda de bajo costo, aislada de los centros de trabajo, el transporte, las escuelas, los parques, las guarderías y las clínicas de salud, no es verdaderamente asequible. Las familias terminan pagando la diferencia mediante mayores tiempos de traslado, costos de transporte, oportunidades perdidas y una menor calidad de vida. México ya conoce las consecuencias de producir vivienda a gran escala sin prestar suficiente atención a su ubicación y a la infraestructura comunitaria.

El objetivo correcto no consiste simplemente en construir más unidades. Consiste en crear comunidades completas.

Migrar es una decisión sobre el futuro

Las personas migran por muchas razones: mejores salarios, violencia, reunificación familiar, presiones ambientales y búsqueda de oportunidades. La vivienda, por sí sola, no puede resolver todas esas causas, y sería irresponsable sugerirlo.

Sin embargo, una vivienda segura, asequible y bien ubicada puede modificar profundamente el cálculo que realiza una familia.

Migrar suele implicar un intercambio de certezas. Las personas dejan atrás familiares, cultura, idioma y comunidad porque la posibilidad de alcanzar un futuro mejor termina pesando más que la seguridad de permanecer. Cuando una familia cuenta con una vivienda digna, cercana al empleo y a los servicios esenciales, quedarse deja de ser únicamente una preferencia emocional y se convierte en una alternativa económicamente viable.

Esta diferencia es fundamental. El objetivo nunca debe ser impedir que las personas ejerzan su libertad de migrar. El objetivo debe ser reducir las decisiones forzadas y garantizar que abandonar el propio país sea una opción, no el único camino creíble hacia la seguridad y el progreso.

Vista desde esta perspectiva, la vivienda asequible se convierte en una forma de resiliencia frente a la migración. Da raíces a las familias, reduce su vulnerabilidad y permite que las oportunidades locales se acumulen y fortalezcan con el paso del tiempo.

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Un interés compartido para América del Norte

Para Estados Unidos, invertir en la estabilidad de México no debe entenderse como un acto de caridad. Es una inversión pragmática en una América del Norte más equilibrada y próspera.

México y Estados Unidos ya comparten cadenas de suministro, mercados laborales y comunidades profundamente integradas. Ciudades mexicanas más sólidas significan una fuerza laboral más estable, mayor demanda de consumo, corredores de relocalización productiva más resilientes y una menor presión provocada por el desplazamiento económico. La inversión en vivienda también genera empleo local de manera inmediata en la construcción, la producción de materiales, el transporte, los servicios profesionales y el comercio de las comunidades.

La estrategia más eficaz combinaría política pública mexicana, desarrollo privado responsable y capital institucional de largo plazo. Los bancos de desarrollo, los organismos multilaterales, los fondos de pensiones, los bancos comerciales y los inversionistas de impacto pueden desempeñar un papel importante, siempre que el apoyo público sea transparente y se dirija a las familias que realmente lo necesitan.

Las familias necesitan soluciones diferentes. Algunas requieren una vivienda nueva. Otras necesitan una vivienda en renta que sea asequible y esté cerca de sus centros de trabajo. Millones requieren financiamiento para mejorar o ampliar la vivienda que ya ocupan. Los trabajadores de la economía informal necesitan modelos de evaluación crediticia que reconozcan sus ingresos reales sin exigirles un historial convencional de nómina. Las comunidades requieren suelo con servicios y certeza jurídica sobre la propiedad. Las ciudades necesitan normas de uso de suelo y sistemas de autorización que hagan financieramente posible construir vivienda asequible en ubicaciones adecuadas.

Este problema no puede resolverse mediante un solo producto estandarizado. Se necesita un portafolio de soluciones y una atención disciplinada al verdadero costo de vida de las familias.

De construir viviendas a crear comunidades completas

Una estrategia seria de vivienda asequible debe seguir cinco principios.

Primero, construir cerca de las oportunidades. La vivienda debe conectar a las familias con los empleos, el transporte y la infraestructura urbana existente.

Segundo, diseñar pensando en la familia. Las calles seguras, los parques, las escuelas, las guarderías y las clínicas de salud no son amenidades decorativas: forman parte integral de la solución habitacional.

Tercero, utilizar el apoyo público para movilizar capital privado. Las garantías, los subsidios, el financiamiento en condiciones preferenciales y el suelo público, cuando están bien estructurados, pueden reducir riesgos y hacer viables los proyectos sin renunciar a la rendición de cuentas.

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Cuarto, atender a quienes trabajan en la economía informal. Una proporción importante de los trabajadores mexicanos permanece excluida del financiamiento hipotecario tradicional. Los nuevos modelos de renta, renta con opción a compra, microfinanciamiento y construcción progresiva deben reflejar la forma en que las familias realmente obtienen sus ingresos y organizan su vida.

Quinto, medir resultados humanos y no solamente el número de viviendas terminadas. El éxito también debe evaluarse mediante la permanencia de los niños en la escuela, los tiempos de traslado, el acceso a servicios de salud, la resiliencia financiera de los hogares, la seguridad de las comunidades y la ocupación a largo plazo.

México no necesita viviendas que luzcan bien el día de su inauguración y les fallen a las familias durante la siguiente década. Necesita comunidades donde los niños puedan crecer, los padres puedan trabajar y las familias puedan imaginar un futuro.

La posibilidad de quedarse

Estados Unidos continuará debatiendo la seguridad fronteriza, las vías legales de migración y el futuro de su política migratoria. Esas discusiones son necesarias. Pero atienden la migración al final del proceso.

Una estrategia más duradera comienza en el lugar donde se forma la decisión de migrar: alrededor de la mesa familiar, en la comunidad y dentro del hogar.

Cuando las personas cuentan con un lugar seguro para vivir, una escuela para sus hijos, una clínica cercana, un parque donde pueda reunirse la comunidad y un camino realista hacia el progreso económico, el futuro cambia. La vivienda se convierte en un ancla, no en un ancla que limita a las personas, sino en una que les permite elegir su futuro desde una posición de estabilidad.

La política migratoria más humana no se construye únicamente en la frontera. Se construye en las comunidades que las personas no quieren abandonar.

Nota: Las imágenes utilizadas para este artículo de opinión fueron generadas con IA

Sobre el autor

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Federico Carlos Cerdas Ortiz es egresado del Tecnológico de Monterrey y cuenta con una maestría por IPADE Business School. Se ha dedicado durante casi 25 años al desarrollo de vivienda en México.

Fuentes principales

Comisión Nacional de Vivienda, Actualización del cálculo del Rezago Habitacional 2024, publicado en 2025.

Sistema Nacional de Información e Indicadores de Vivienda, indicadores clave del sector de la vivienda.

Banco Mundial, Vivienda asequible para las familias de menores ingresos en México, publicado en 2022.

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